22/10/07


Recuerdo frases de cosas que soñé o que escribí. Recuerdo buenos comienzos y también juegos de memoria para que me diese tiempo a alcanzar un lápiz antes de olvidar ese verso perfecto. Recuerdo una comida quemada por un pequeño poema que me arrastró al salón a por un bolígrafo y el listín de teléfonos. Aquel cuento de la niña que era serpiente o soñaba ser serpiente se me olvidó mientras dormía una siesta y aún no me lo perdono. Siempre antes de dormir se me ocurren las mejores ideas y la pereza me hace olvidarlas por completo, luego me digo "sé que era algo genial", pero ya no existe. A veces soy capaz de dar vueltas a una idea durante meses, hasta que creo que es perfecta y la llevo al poema, luego la leo tranquilamente y me parece una estupidez. Otras veces una idea se me cruza por la frente y la escribo sin pensarlo, sin darnos tregua. Luego la leo tranquilamente y me parece una estupidez. En realidad hay pocos textos que me sobrevivan un año. Nos cansamos los unos de los otros o dejamos de reconocernos. Aunque siempre, siempre queda aquel poema que de pronto se aparece de entre otros versos, aquel que llega desde otra voz que me queda ya tan lejana, que me parece perfecto. Son las idas y venidas, supongo, del tiempo y la pereza.

18/10/07


- Disculpe. ¿puede decirme la hora?
- Ahora mismo...
- Llego tarde a algún sitio, pero no recuerdo a donde.
- Entonces está usted perdiendo el tiempo.
- No me lo recuerde.
- De la peor de las maneras.
- En efecto.
- ¿Y no se tomaría un café conmigo para apovecharlo?
- Ya le digo que llego tarde.
- ¿A dónde?
- No lo sé.
- Quizá llega tarde al café conmigo.
- ¿Está seguro?
- No dejo de repetírmelo.
- Quizá tenga usted razón.
- Suelen decirme lo mismo.
- Pero, disculpe, ¿eran...? No me lo dijo.
- Las seis.
- ¿Las seis?
- De la tarde.
- Eso lo tenía claro, por lo menos.
- Yo no tanto... ¿qué me dice?



-Cambia de cadena, es un pastelón...
- A mí me gusta.
- Haz un zapping a ver qué hay.
- No pienso ver una peli de miedo que luego me dejas sóla y me imagino muertos por el pasillo.
- (Él se ríe) Cambia.





16/10/07

háblame de amor,
y de palabras.


(ni si quiera sé si es mío)

15/10/07


Hoy soñé con cosas extrañas, como siempre, soñé que experimentaba veinte escenas de amor y que después me obligaban a volver a entrar en la máquina para experimentar diez escenas de odio. Eran menos, lo sé, pero me dio tanto miedo sólo pensarlo que me desperté de golpe.

Después soñé que caminaba por un bosque, entre las montañas, y corría agua cerca, de camino a una catedral de tierra enorme como el valle. En la puerta la gente esperaba para ir a una boda y a mí se me hizo de noche sin linterna, pero no tenía miedo, aunque el perro con cara de hombre me mirase desde la tapia.

Robé bolígrafos de cajas de cartón llenas de ceras de colores, y quise quedármelas todas y pintar círculos, pero no tenía tiempo para tantas cosas. Los espejos daban al restaurante y yo tenía que salir, tenía que volver a casa.

Y él, él no me quería lo suficiente.











Wendy ha estado cosiendo calcetines, tanto tanto que no le ha dado tiempo a salir de la casa del árbol. (suspiro)

3/10/07


Siento la piel llena de besos que me pesan y amenazan con no dejarme dormir. Nacen todos en el hombro izquierdo, como de súplica. Sé que nadie tendría la paciencia de librarme de ellos... sin tratar de devorarme.

2/10/07


dicen que fue por una batalla vieja, dicen que fue por maldecir de vuelo al mismo dios, dicen que por imitar a los ángeles sin serlo, por reflejarse en los charcos o por servir de montura a los diablos pequeños...
no, yo sé, yo sé que fueron condenados por repetirme muy quedo, con cada aleteo inalterable, tu nombre.

24/9/07

(y no existir más que a retazos porque ya no me recuerdas)


-Estoy tan triste.
-En un hada sólo cabe un sentimiento a la vez.
-Yo sólo tengo alas de libélula.
-Y boca.
-Pero pequeña.

19/9/07


No creo en dios, ni en las hadas. No creo en la magia, ni en la suerte, ni buena ni mala. No creo en fantasmas, espíritus, fuegos fatuos o cosas por el estilo. Puedo decir que para nada creo en los flechazos, no creo en el destino, las señales ni las casualidades. No creo en la bondad natural de las personas, no creo en el amor. (Dijo apagando el cigarrillo en el cenicero de cristal tallado)

Yo sí... (Susurró ella bajando los ojos a la taza de café humeante que rodeaba con las manos).

11/9/07


y luego me prometerás ausencias cortas y distancias,
me prometerás amarillos debajo del escenario
y un ramo de flores,
me prometerás ventanas sin cristal
para volar al universo.

Y yo te diré,
con voz de sirena,
sí quiero.

5/9/07


-Tienes algo ahí.
-¿Dónde?
-Ahí, junto a la boca.
-¿Aqui?
-Al otro lado.
-¿Ya?
-Mmm, no, sigue ahí.
-Pero, ¿dónde?
-A ver, espera.
-Oye, ¿qué hac...
-Nada, quitarte el beso.

4/9/07


Blancanieves soñó que despertaría y con la falda mojada preguntaría cualquier cosa.


Dibujaría porqués en su círculo impoluto.


Ningún príncipe alcanzó a descubrirle la boca.


Pobre niña, pobre niña tonta.

3/9/07


Londres se escribe en rojo, en el rojo de las cabinas y los autobuses, de los semáforos que siempre me llevan la contraria.
Londres tararea sonidos por las calles, sonidos de voces mezcladas en idiomas conocidos y desconocidos.
Londres guarda secretos en los rincones, secretos de calles colmadas de flores, de bares con las puertas llenas de trajes riendo después del trabajo, secretos de parques repletos de hadas y niños blanquitos.
Londres esconde rincones cargados de magia para sorprendente por cualquier calle por la que has pasado quinientas veces. Rincones con librerías diminutas, jardines antiguos y bancos dedicados a viejos amantes.
Londres alberga mil cielos: con nubes, cargados de estrellas, preñados de violetas al atardecer cuando la lluvia amaina y sólo nos queda nuestro reflejo en los charcos.
Londres tiene enormes ventanas de colores blancos y puertas azules o verdes, amarillas o rojas... como todo lo que siento.
Londres refugia en su seno árboles enormes que saben la historia de todos aquellos que anduvieron vagando bajo sus sombras, y las dicen muy bajito, como oraciones. Quizá mañana hablen de mí a los otros, a los inimaginados, los hombres futuros.
Londres, conociéndome incompleta, se queda con una parte de mí, muy pequeña, casi olvidada, que canta canciones de ausencia y posibilidad, canciones muy viejas.