21/6/18


te leo y ciertas veces
no sé qué decirte
qué parte de la historia
nos pertenece o 
qué parte ardió aquella tarde
en que llegué tarde a la cita. 
los números se dispersan
como la niebla: 
recuerdo a san pablo
(una canción suena en el coche
después de una excursión 
a cataratas secas).
hay un eje cronológico sutil
en las estanterías, y yo te abro
en dos, brutalmente, 
buscando en el oráculo moderno
la palabra justa. 
qué será, qué dice, 
qué ha de sernos. 
como en aquella película
que jamás recordaré. 
tú dibujas letras en mi mano,
me conjuras, y la desnudez
se hace atalaya del verano, 
eclipsa el ruido, ordena
el poema, 
después de publicarlo.  

19/6/18

soñé que el conductor del autobús
no le veía sentido a la vida
-iba a estrellarnos-,
con las manos sujetas al sillón
yo le decía:
busca, sin pausa, la belleza, 
átate a ella, el sentido
es la belleza.
después me despertaba,
mullida y desorientada,
en casa.
a la catástrofe, tú dile:
hermana,
¿qué vienes a recoger?
si ya le entregué a la vida
en ramos frescos
lo que tenía.

18/6/18

corre el aire fresco por la casa
como un tópico de nuestras estaciones
ondeando los visillos que trepan
rítmicamente hasta la cama,
haciendo que la luz se haga sonido
y el aroma calmo de las fundas del sofá
tendidas, recién lavadas, se cuele
entre las lecturas o las puntadas
mansas que dibujo por la tarde.
una promesa se hace sitio entre los muebles,
susurro de maletas y de siestas,
de palabras y banquetes hechos sólo para dos,
desnudando día a día el calendario
de sus obligaciones y sus fechas.
aspiro y me hago en tu espalda una cueva,
te voy cantando bajito: el aire, el aire
nos lleva... nos vuela, nos limpia
soplo a soplo de nosotros mismos.
tú me besas los párpados cerrados
y en el hueco de mi cuello te sustentas
en esta tarde de junio en que la brisa suave
va construyendo el futuro.

15/6/18

desnuda ante el espejo,
venus de willendorf,
mujer cambiante, no
canto a la fertilidad
de la carne y, sin embargo,
son anchas mis caderas,
grandes mis pechos,
lentos los pliegues
de mi vientre ensimismado.
desnuda ante el espejo,
de hierro mis lunares,
de enredadera el huerto
de mi pelo, no canto
a los dioses de la tribu.
me canto a mí, paralizada,
hecha de caliza, de recuerdo,
eterna -como lo es este
segundo-, poderosa,
aún sin los brazos.
desnuda ante el espejo,
el ocre rojo se desliza
entre mis piernas,
yo canto nudos de palabras,
canto victorias de papel,
triunfos de flores.
redonda, inmensa,
no me sostienen mis pies,
eres tú quien me alza.

13/6/18

aquella tarde, de calor,
tú no sabías si comprar
o no el billete de tren
que te traería a verme
por segunda vez
-quizá definitiva-.
pero llegaste con tu barba
hasta la ventanilla
y dijiste el punto del mapa
donde te esperaba
con el aire suspendido
y luego, me puse
aquel vestido de tucanes,
que te hizo fantasear con el futuro,
para ir a recogerte.
nos hablamos del tiempo,
de la literatura, del partido
del mundial que había
aquella tarde, del mar,
de los mosquitos, de todas esas cosas
de que hablan los amantes
que aún no se han besado.
luego hiciste pollo al chilindrón
y yo quise comprar ya los anillos,
desnuda y bailando por la casa
como en todos los poemas
que te he escrito, como en todas
nuestras horas de palabras
que al fin se habían erigido
en paisaje real en esa casa.
mañana serán ya cinco años
de aquel andén de tren,
de aquella espera, del salto
que dimos hasta el fondo
de la vida que a ciegas
aún hoy, construimos.

8/6/18

hay un alud a la puerta
y yo cierro.
echo los pestillos,
huyo hasta el fondo de la casa
donde escondo el corazón
en cuatro frascos
según la función de los ventrículos
y guardo mi sombra en los cajones
para que, alargada,
no me delate.

luego tú vas,
descalzo por la casa,
pensando en alguien muerto
hace mil setecientos años,
quizá un pirata, y sacas
del armario las botas de nieve,
los abrigos, el gorro,
la bufanda. me vas
vistiendo a trozos,
seguro de ti mismo,
hablando luces de avalanchas,
del frío y de la escarcha,
de cómo hacer helados con fruta natural
y el hielo tras la puerta.

me llevas de la mano hasta la calle,
torpe con todas las rebecas,
y haces jardín de la catástrofe,
pirámide del pozo, conquista
de la pérdida, lanzándome
certero hasta la boca
la nieve o los besos:
en fin, la valentía.

7/6/18

he soñado
que decía un poema
en voz baja,
no sé a quién.
que decía que en la noche
había habitado
años y años
hasta descubrir el faro.

entonces,

he soñado que la luz
era una flecha, casi un camino,
el espíritu viniendo sobre mí,
era una ducha,
y al salir de ella,
          empapada,
en la noche hacíamos el amor
hasta fundirle el faro
a las tinieblas
e inventar el día.

5/6/18

yo porto el candil
y no lo escondo,
lo alzo escalando la montaña
para hacerle el eco a las estrellas.

4/6/18

-Ven a llorar a mi lumbre.
-Tengo secos los ojos.
-Trae a mi lumbre las manos.
-Tiemblan.
-Están frías. Siente mi lumbre en tus manos.
-Trae a mi pecho tu lumbre.
-En tu pecho hay una luz.
-En mi pecho quiero un fuego.
-¿Para caldearte en la noche?
-Para quemar los hierbajos.
-Un erial es tu pecho.
-Ya me crecerán las flores.
-Voy a llenarte las trenzas de geranios.
-Voy a llenarme la vida con tu lumbre.
pasó,
como pasa todo:
como pasa el río,
como pasa el hambre,
como pasas tú
-que ocurres a carcajadas
y me limpias-.

sobreviví;
es, por ahora,
mi costumbre.

1/6/18

se han roto todas las copas
has escuchado el sonido
cristalino, los añicos
ya no podemos brindar

pero bailar,
                    bailamos