21/1/08


Odio volver a casa de un viaje, sentir cómo atardece a través de la ventanilla y el olor del coche. Sentarme en el asiento de atrás, en otra esfera alejada donde la música actúa de barrera entre mis padres y yo. Oberservar sus siluetas recortadas, cansadas, él atento a la carretera, ella a punto de dormirse. Odio ver al sol esconderse entre las montañas tiñiéndolo todo de ese amarillo que suena a final. Pesa el aire contenido, el ruído del motor me descontrola, tengo miedo y no sé a qué. Silencio. Nos adelantan contínuamente. Hay que dar los faros. ¿Cuándo se verá el castillo? ¿Qué túneles quedan? Enormes gigantes de piedra, murmuro, gracias por dejarnos pasar y permitirnos regresar. Odio que no diluvie si tengo que volver a casa, una casa que no cambia, que no experimenta conmigo todos los pequeños sucesos del día que me han hecho diferente, sutilmente, a como me desperté. Ese lugar que nos ata con una imagen de lo que siempre somos, que nos impide cambiar. El coche huele a nuevo. Lo pararía y me negaría a seguir en su vientre ni un minuto más. No quiero que digiera mis aventuras con un punto y final. Me niego.

4 comentarios:

Luar dijo...

Odio sentarme en el asiento de atrás del coche siempre me quedo mareado...que horror!

Juan dijo...

yo tambien me niego a dejar mis experiencias en un espacio nuevo que no me conoce.
siempre que viajo en coche me gusta mirar el paisaje, contemplarlo hasta sentir que estoy en el y no en el coche.

Abel Asvir dijo...

A mi me encanta subirme al coche, poner música y que me lleven a otro lugar.

-Dónde vamos?
-y qué más dá, tu solo conduce y no me hables

Yo sé hacía donde vamos, vamos hacía el futuro!!!

Anónimo dijo...

Me ha gustado.


¿tiñéndolo?