26/1/08


Es sábado y todos están reunidos en el bar de costumbre. Las conversaciones se han fragmentado ya y todos beben y parlotean. En la cuarta ronda Raquel comienza a proponer juegos, canturrea entre los grupos y se tropieza de vez en cuando.
-¿Beso o verdad?-Me pregunta picarona mirándome desde abajo.
Yo no soy muy de estos juegos, prefiero situarme siempre en un segundo plano y pasar desapercibida, pero esta vez parece que no puedo librarme. Raquel me pregunta de nuevo haciendo que poco a poco se vayan sumando los demás a nuestra conversación. Yo miro a Mario desesperada y él se encoje de hombro dispuesto a no aliviarme en ningún sentido ese mal rato. Mis ojos de cordero no han funcionado, así que me vuelvo hacia Raquel vencida y para vengarme del mundo murmuro:
-Beso.
Algunos amigos hacen palmas y otros gritan sorprendidos. Mario me mira entre inquieto e interesado y se apoya en la barra. Raquel está dando saltos con cara de mala buscando entre nuestros amigos alguno que me resulte verdaderamente difícil. Yo comienzo a arrepentirme de mi decisión.
-A ver, a ver...- sonríe mi amiga.- Tienes que besar a... ¡Jaime!
Se me hace un nudo en el estómago y la miro suplicante. ¿A Jaime? Raquel me empuja hacia el centro del círculo improvisado que han formado nuestros amigos y noto que empiezo a enrojecer. Los ojos de Mario deben de estar clavados en mi nuca porque lo siento ahí, absolutamente atento.
Descaradamente Jaime sale de entre la multitud sonriendo. Su gesto es desperocupado, pero conozco su mirada y está inquieto. Supongo que por su cabeza cruzan las mismas imágenes que por la mía, todas esas conversaciones antiguas, todos esos rumores que corrieron sobre nosotros, todo lo que antes nos unía y ahora forma parte del recuerdo. Nuestros amigos comienzan a corear algo estúpido y yo me inclino para besarlo. Él acerca una mano a mi cintura con delicadeza. El beso sólo dura un instante. Y todo está en silencio. Nos miramos y por un segundo parecemos vernos de nuevo como nos veíamos antes. Sé que estoy sonriendo porque él lo hace. Me atrae hacia sí y me refugia en su pecho para darme un beso en el pelo.


En el bar vuelve a haber mucho ruído y todos nuestros amigos se distraen porque Raquel ha elegido otra víctima para su juego. Jaime y yo nos separamos, nos olvidamos de nuevo. Mario me ha pedido otra copa de vino y me mira con gesto serio.
-¿Estás bien?-Me pregunta acercándome una banqueta.
-Por supuesto-, miento.

3 comentarios:

Abel Asvir dijo...

Porque te empeñas en mentir, si todos se dan cuenta, la verdad es mucho mas bonita.


Lei tu comentario, no podiamos habernos conocido antes, porque yo no era yo, y tú apenas eras tú, pero me hubiera gustado hacerte feliz, como me gusta ahora...

Juan dijo...

sabes que él , a pesar de todo, ve en tus ojos que estas mintiendo.

Luar dijo...

Porque nos escondemos atrás de mentiras e enganos!?
Todos somos frágeis...