29/1/08


Disculpe que lo interrumpa de nuevo, créame, entiendo perfectamente que esté algo cansado de escucharme hablar de amor. Le aseguro que yo estaría bastante empalagada si lo leyese así continuamente. Pero debe hacerse cargo, se lo ruego, de mi actual situación. Como sabrá, los estados de la luna en que me muevo suelen ser dos: Peter y Garfio. Pero ahora, extrañamente vivo en un continuado estado de Wendy. Me descubro en una ensoñación mientras voy en el coche, leo novelas para adolescentes y vuelvo a ver antiguas series de televisión que me hacían enrojecer con quince años. Y no se asombre si le digo que ahora enrojezco de nuevo y grito si las cosas van mal, y me pongo de rodillas en la cama, y corro a devorar otro episodio si se me ha acabado el último. Suspiro, me río, doy un salto. Creo que no será capaz de imaginar lo que esto significa, baste decir que me he dejado ser Wendy muy pocas veces en mi vida, nada de romanticismo, nada de ensoñaciones. Y ahora me descubro de esta manera. Tiene que comprenderme.

Andar entre Peter y Garfio me desquicia sobremanera. Cambio con un pestañeo de vivir el instante a sentirme acorralada por el paso del tiempo. Soy en un segundo feliz de una manera totalmente descontrolada, y enseguida vuelvo a llorar encerrada en el espejo por lo injusto que es... por lo injusto simplemente. Este ir y venir continuo de la alegría a este otro sitio tan cotidiano, acaba por hacerme desconfiar de todo lo que siento. Nunca sé cuánto durará una emoción y mi alma de cristal enciende luces en la casa para que no entren los piratas.

Y ahora, ¿me ha visto usted? Tengo los labios pintados delante del ordenador. El domingo usé rimel y me vestí de rojo. Me preocupo por mi pelo y deseo verlo llegar a todas horas para que me refugie en su pecho. No me cansa que me bese, no me cansa que me hable todo el rato de sí mismo, ni que me acaricie la mano mientras vemos la televisión. Compréndalo, es más bien que si me olvida un segundo, me lanzo como fiera a recordarle que yo existo. ¿Dónde se ha quedado el volar lejos para ser yo mismo, el llorarle a solas en el comedor?

Déjeme ser Wendy un poquito más, sólo lo justo para echarlos de menos a ellos, los que me configuran a diario.

4 comentarios:

Antonio Alfonso Jiménez dijo...

Falta en la novela un personaje que se ponga de pie, salga de su puerta a pasos largos, trinque a Peter de los cordones y se lo lleve del brazo por el parque para que lo vea todo Londres el domingo por la mañana. Alguien que tiene claro lo que quiere y actúa. Pero claro; ese tipo de persona que tampoco existe fuera de la novela.

...como te veía por el fotolog, no venía a tu casa a visitarte. Gracias por el café. No me quedo más que también tengo tarea. Vuelvo mañana.

Luar dijo...

Déjeme ser Wendy un poquito más...
Déjeme amar en paz!

Juan dijo...

yo, en ocasiones, quisiera ser peter mas tiempo. Me gusto este ultimo post en especial.

Abel Asvir dijo...

Ufff, que estupido es Peter Pan. Vamonos Wendy, pierdes el tiempo