2/1/11

creo que reto superado (abel y yo, jugando con palabras, acabamos proponiéndonos escribir una historia, esta es mi versión de los hechos)

Habíamos llegado a ese punto en que las discusiones más absurdas –si la mermelada se llamaba compota, no, se llama mermelada, en mi casa siempre se ha llamado compota, en tu casa siempre habéis llamado a las cosas con nombres absurdos, yo no he dicho nada de las costumbres absurdas de tu casa...- se convertían en auténticas batallas campales. Me había vuelto a retrasar en la última intervención en el quirófano. Una hemorragia imprevista nos había complicado lo que se programó como una operación sencilla y llegaba tarde para la cena. Sentía mi cabeza cargada como las tripas de un submarino mientras conducía de vuelta a casa. No podía evitar que me horrorizase la idea de llegar para volver a enzarzarme en una serie de justificaciones anodinas que sólo servirían para disimular que nada iba como antes. ¿Pero cómo iban las cosas antes? Reconstruir la prehistoria de nuestra relación sólo me hacía tropezarme con el típico cualquier tiempo pasado fue mejor, así que prefería claudicar en esa empresa y enfrentarme a cada nueva pelea como si siempre nos encontrásemos a una míriada de la reconciliación. Esa reconciliación mágica que nos haría comprar billetes de tren a la conchinchina y convertiría todas nuestras cenas en merengue. Pero no eran merengue, me hubiese dado igual cenar centollo que colágeno, todo me sabía a mercromina, todo parecía llenarme la boca de arena. Quizá por eso al final sólo hablaba de gilipolleces. Intenté recordar la última conversación en la que habíamos estado de acuerdo y me horroricé al descubrir que sólo habíamos coincidido en la necesidad de una nueva aspiradora. Bajé por la rampa en forma de tirabuzón que conducía a la tercera planta del garaje del bloque de pisos en los que vivíamos desde que nos habíamos decidido a compartir algo más que los fines de semana. Odiaba aquella rampa. Odiaba tener la sensación de que iba a dejarme medio coche en la última curva. Nos habían engañado con el parking. Apagar el motor eliminó uno de los ruidos molestos que me iban acompañando. ¿Qué iba a decir? Respiré profundamente y agarré mi chaqueta antes de salir. Me dirigí hacia la puerta que llevaba a los ascensores y me sorprendí al encontrar, como una sonrisa abandonada por capricho, una raja de sandía meciéndose sobre el suelo gris de la cochera. Como un idiota me quedé mirando el rojo húmedo de la fruta, me pareció gracioso verla allí, como si estuviese esperando también a que pasase algo. No pude evitar acordarme de nuestro primer viaje como pareja, cuando accedí a su sueño tropical de la isla Pelícano  y nos cayó una tormenta como un demonio que nos obligó a estar encerrados en el hotel, gritando rayos y centellas y comiendo sandía como dos niños abandonados. Cuando todavía me resultaba cómico que dijese estupideces como “repámpanos” o empeñase su tiempo libre en novelas rosa forradas con hojas de periódico. Se apagó la luz del parking. Yo seguía allí, con la chaqueta sobre el brazo contemplando la sombra de la sandía, petrificado de pronto por la idea de que él no había cambiado, de que era yo el que me había convertido en un ser extraño, de que ya no disfrutaba con las cosas que antes obligaban mi sonrisa. ¿Qué me estaba pasando?


(aquí la versión de abel)

6 comentarios:

Abel Asvir dijo...

habría que poner la lista de palabras, que no era nada fácil!!! jajaja ha sido un placer, en esta ocasión yo te doy por vencedora, por cierto, si alguien quiere leer mi versión está en mi blog el 8 de DICIEMBRE DE 2009

.A dijo...

las cosas cambian..

Luar dijo...

muy bien...
tengo que decir que en mi casa tb siempre le llamamos compota... :)

niña de azucar dijo...

Buen reto, me gustaron ambas :)

DANI dijo...

Adoro la capacidad de crear historias que teneis con cuantro palabras surrealistas ;)))

Besos encajados

Gitana ♥ dijo...

:O

hemorragias en tu hogar ...

Dios míooo!

Urgente unas gasas de tregua para

compensar las ingenuas

explicaciones de lo inexplicable.

Que sabor a libertad extraña ,

esa que termina en la costura del

otro . :S