
Llevaba el bolso cruzado sobre el pecho a modo de invisible cremallera. Nadie lo sabía, pero dentro, muy adentro, bajo todas las primaveras que lucía como mallas elásticas de promesas, había cuevas y silencios y vacíos donde resonaban las piedras, contra el suelo, como ecos de canciones olvidadas. Pero la cosa es que llevaba el bolso cruzado sobre el pecho, el pañuelo grande y gastado en el cuello, las ojeras nuevas y el pelo recogido sobre la cabeza, ese nido de pájaros mal comidos.
3 comentarios:
El mejor retrato, guste o no, es personal e intimo, imposible de compartir en su totalidad.
Un abrazo.
Pero así? en bandolera? ;)))
Besos cruzados
Por cierto, creo que Carolina cobro vida ;)
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