6/11/08


Ven, quítate de encima todos esos años, todo lo que crees que has aprendido. Desnuda tu hombro derecho de la duda, del saber, del mirar con ojos de adulto. Ven. Relaja de tu oreja el runrún de las conversaciones inteligentes, el tictac de las palabras elevadas. Olvídate del monedero. Olvídate de que vas a morir. Ven. Deja en el pasillo los guantes de escritor, de hacer la compra, de cuadrar las cuentas. Desaloja de tu pecho el andar decidido, el parecer importante, el parecer simplemente lo que pareces desde que sales de la ducha a enfrentarte al mundo que dices que comprendes. Olvídate de que comprendes. Olvídate de comprender. Ven. Arroja esos pesados zapatos a una esquina de la casa, o mejor por la ventana a ver si arruinas un peinado, esos zapatos de pisar lo que nace y no dejas brotar, dentro de ti, todos los días. Abandona al jardinero, al oficinista, abandona al pirata, al señor de voz ronca, abandona al analista, al que lo razona todo, al lector hasta las tantas, al artista acongojado, al dios que fuiste. Ven. Ve dejándolos a todos en la puerta. Olvídate ellos. Olvídate de ti.



Así te quiero.

2 comentarios:

Antonio Alfonso Jiménez dijo...

Esa persona descalza a la que llamas, sin voz, sin ojos, sin ecos, inconsciente,

es todo piel. Como un recién nacido.

Así.

Luar dijo...

Tantas cosas para hacer de una sola vez...
Besos!