17/12/07


Lo vi en Sevilla, en el autobús 5 que nos llevaba a Marina y a mí al centro. Iba sentado en frente mía, pero en medio había una pareja que nos daba la espalda. Era moreno, de pelo y de piel, con los rasgos rectos, hermosos, que lo habrían convertido en galán de película española si hubiera nacido un poquito antes.
Me fijé en su pelo negro, de ese tipo de pelo fuerte, indomable, que tienes que llevar siempre recortadito porque sino parecerías un león. Llevaba un corte de los de siempre, de los que nunca dejarán de hacerse en las barberías sevillanas. Un corte masculino, de torero, surcado ya por alguna cana.
Los ojos negros, tristes, con unas pestañas tan oscuras que parecía que se había entretenido perfilándoselos con lápiz. Unas pestañas de esas que hacen viento. Las cejas perfectas, relajadas y tranquilas sobre la mirada perdida. La nariz pasaba completamente desapercibida y la boca era pequeña o del tamaño justo para besar. Una boca para cantar coplas bajo las ventanas o beber agua del chorro de las fuentes entre los naranjos.
La piel tan morena y tersa que aún mantenía los rasgos de una juventud no muy lejana. ¡Qué guapo debió de ser con su altura y sus hombros estrechos! Enamorando extranjeras y prendado de una sevillana de padres panaderos.
Va abrazado a su acordeón, un instrumento de historias, callado con teclas negras y una pegatina de purpurina plateada que reza "merry christmas" sobre el lacado marrón. Él sopla sobre las teclas, acariciando, despidiendo al polvo que se acumula en las ranuras y en su mirada de pestañas largas.
No puedo parar de mirarlo, tan contenido. Su voz debe ser grave, segura, pero no habla mucho, no suele hacerlo. Por eso le gastan bromas los amigos de toda la vida en el bar de barrio donde se toman los carajillos. Le decían el filósofo, de joven, cuando soñaba despierto que todo era posible y repartía de igual modo música y reflexiones en la Encarnación.
Supongo que su acordeón sonará triste. Cuando bajo del autobús él continúa su viaje y, al volver la vista, veo que se ha sentado donde estaba la pareja. Mira a lo lejos, absorto, por la ventanilla.

3 comentarios:

Abel Asvir dijo...

No está bien que espíes a los demás en el autobus, no está bien que escuches sus conversaciones, que respires su aire, que mires a dónde van, no está bien...

está muy bien y ademas es muy divertido!!!!

Luar dijo...

Espero que lo veas más veces...y descubras porque sufre.
Un dia te dedicará una de sus mas preciosas melodias!
Tan triste como bella...
Tan misteriosa como el.

Arkadia dijo...

Qué precioso. Me gusta tu descripción de ese hombre, sólo en parte personaje.

Me dan mucha curiosidad las personas. A veces voy por la calle y pienso en qué estarán pensando, quiénes serán.

Si te encuesntro por la calle, algún día, algún año, tal vez en las calles de Sevilla, te lo voy a preguntar.

Un gusto.
Arkadia