20/11/07

cuento que le llevé a Lucía de regalo


Había una vez una princesa muy guapa y con una larga melena negra que siempre llevaba recogida en una trenza. "Hay que ver esta niña", decía su madre la reina, "como no te sueltes el pelo no vas a encontrar jamás marido". Lo que no sabía la reina es que la princesa no tenía ninguna intención de esperar a que todos los príncipes de los reinos vecinos quisiesen casarse con ella. De hecho ya había demostrado su habilidad para sacarse un moco en presencia de uno de los príncipes que había acudido al castillo a pedirle la mano. De todas formas pocos príncipes se iban con ganas de casarse con ella, era innegable la belleza de la princesa, pero todos sentían que la princesa era más valiente, más lista y más atrevida que ninguno de ellos. Y como buenos cobardicas no querían tener una mujer de la que se dijese que era mejor que ellos en todo.

Un día, aprovechando que su padre estaba reunido con sus consejeros, la princesa cogió su caballo y salió a cabalgar, porque deseaba sentir la fuerza del viento en su cara. Cuando se acercaba al bosque escuchó un fiero rugido y pensó que debía de ser el grito de triunfo de aquel dragón que había estado molestando a los campesinos de su reino. Muy dispuesta, la princesa ató su caballo en un árbol y, con la espada en la mano, se adentró en el bosque por si aquel malvado dragón había capturado a algún inocente.

Primero vio al dragón entre los árboles y pensó que era enorme. Después, al acercarse, encontró un problema bastante más importante: el dragón tenía unas alas tan grandes como tres casas con piscina y si intentaba atacarlo seguro que echaría a volar y la asaría como a un pollo de feria con el fuego de sus fauces. Así que la princesa echó mano de su capacidad para solucionar problemas y volvió a la carrera hasta su caballo. ¿Pensáis que iba en busca de más ayuda? ¡No! La princesa iba corriendo a por su larga cuerda, cuerda con la que pretendía atar las alas del dragón.

De vuelta en el bosque la princesa decidió que desde lo alto de un árbol le sería mucho más fácil atar las alas del dragón y con la cuerda colgada del hombro, trepó y trepó hasta los dominios de los pájaros perezosos. Desde la copa del árbol y con un sigilo propio de un ratoncillo, la princesa fue atando poco a poco las alas del dragón haciendo uso de su maña y tino, con la suerte de que en un periquete había terminado.

Jamás se ha visto un dragón tan mosqueado como aquel cuando descubrió que no podía abrir las alas. A decir verdad, este dragón era un poco hipocondríaco y en primer lugar pensó que tenía algún tipo de pinzamiento o algo mucho peor. Así que la princesa aprovechó sus cavilaciones para saltar sobre su cabeza y encaramarse con sus piernas al cuello de fiera. Esta vez los rugidos sí que eran terribles. Pero la princesa acabó pronto con ellos, levantó su espada alzándola con las doz manos y ¡zas! Punto y final.

El pobre dragón hipocondríaco del que evitamos compadecernos cayó cuan largo era y quedó con los ojos cerrados como un bendito. La princesa descubrió su tripa llena de monedas, pero además, el cuerpo de un muchacho tendido en el suelo junto a una de sus patas. Nuestra protagonista corrió a ver si aquel desgraciado estaba muerto y al darse cuenta de que estaba vivo le dio un poquito con el pie para despertarlo y después dos buenas bofetadas porque no reaccionaba.

"¡En guardia!", gritó el muchacho haciendo que la princesa se sentase de culo de la risa. Después de disfrutar un poco de la cara de asombro del muchacho, la princesa le relató lo que había pasado. "Eres la persona más valiente que he conocido", afirmó sinceramente el muchacho quitándose su medio sombrero medio gorro. Después la princesa le mostró el vientre lleno de monedas del dragón y entre los dos decidieron llevar todo ese dinero a los campesinos que habían sufrido a manos del dragón para que reparasen sus campos y casas.

Cuando la princesa volvió a casa por la noche, llena de barro, despeinada y desconocible, el rey se levantó de un salto gritando "¡La han asaltado, dios mío, la han asaltado!". Pero cuando la princesa le contó la verdad sobre lo ocurrido, el pobre monarca se desmayó sobre su trono el muy blandengue. La reina, sin embargo, mandó llamar a algunos hombres de la guardia y les ordenó comprobar si la historia que contaba su hija era verdad. Cuando todos en el reino supieron lo ocurrido y se demostró la veracidad de los sucesos, los reyes proclamaron unas fiestas que duraron tres días.

El último día de la fiesta el rey llamó a su hija junto al trono y le dijo que alguien más había ido a pedir su mano. La princesa suspiró enfadada y esperó al nuevo pretendiente. Su sorpresa fue enorme al descubrir que se presentaba en el salón real el muchacho al que había rescatado del dragón. "¡Si sabéis que es un panadero! ¿Vais a dejarme casarme con él?", preguntó la princesa entre sorprendida y emocionada. "Será un panadero, pero es el único que ha venido a este reino que no se asusta de tu valentía que acepta que serás mejor que él todos los días", respondió el rey. "Así que le concedo tu mano".

"Alto, alto", se quejó la princesa en un arrebato feminista, "me casaré si quiero".

6 comentarios:

Antonio Alfonso Jiménez dijo...

:D qué bueno. Me parto de la risa. "Un par de bofetadas". "Me caso si quiero" jejjjj.

Ya que pinta la ocasión, te voy contar otro cuento. Yo era el gordo de mi clase. Cuando jugábamos al fútbol, o me ponían a mí de portero, o ponían a una chica que jugaba mucho mejor que yo. Corría más, chutaba más fuerte, y no pude comprobarlo, pero seguro que hacía pís más alto que todos nosotros. Se reían de mí. Siempre estábamos juntos. El gordo y la machorra. Pero yo con 12 años ya le daba besos en la boca, y ellos jamás habrían soñado con poder mirar a los ojos a una chica. Estaba enamorado como sólo con 12 años se puede estar.

Ea, para que veas que no todos los hombres nos asustamos....de las chicas de las que se asutan los hombres. Además, el panadero estaría en la barriga del dragón por algo, digo yo.

Aire dijo...

jajajajaja, y mi padre que decía que a los doce años no podía uno enamorarse!!! es que a él le pilla eso muy lejos, pero a mí me temblaban las rodillas con los chicos desde párbulos!!!

Abel Asvir dijo...

Bien, vale, me gusta, es divertido, pero los dragones estamos un poco hartos de tanta princesa díscola buscando marido, como si fuera facil vivir con unas alas en las espalda tan grandes como tres casas con piscina, tengo un amigo sapo que cada sabado vuelve a casa cubierto de babas, que mania con besarle!!!, eso si, entre tanta princesa las ranas ni se le acercan... ains que vida esta!!!!

Aire dijo...

jajaja, abel, pobre dragón... Me dolió tantísimo convertirlo en el malvado de la historia... y todo para que lucía clamase después por el cuento del rey que tenía tres hijas que daban zapatazos! Esta chica quiere príncipes que sean muy príncipes y princesas tontorronas!

Arkadia dijo...

Un animal,la princesa. Si se forma, será una pareja muy postmoderna!

Luar dijo...

Adorei...eu sempre achei que o futuro estava de alguma maneira ligado aos padeiros.
Esses homens valentes que trabalham a horas tardias...para que possamos disfrutar de um bom bocado de pão!

Tinha preferido que a princesa transformasse o dragão num animal doméstico...imagina sempre ia servir para acender o fogo !!!????

Beijinhos
(Que suerte tiene Lucía, a mi nadie me escribe cuentos, jajaja)