28/5/07


Margarita tenía las piernas largas y las faldas cortas, esa era para su padre la única razón por la que la habían contratado en un puesto de secretaria tan importante. Pero Margarita no solía escuchar sus interminables sermones y andaba con pasos largos y tacones altos. Cuando Margarita cruzaba un semáforo, todos rezaban para que la luz no cambiase a verde, y las piernas de Margarita siempre olían a perfume, a perfume de jazmín temprano. Al calzarse, Margarita no tenía nada que envidiar a las famosas actrices que salían por la tele pequeña de su dormitorio, y un antiguo novio estaba convencido de que aquella longitud sólo era capaz de producir un vértigo estremecedor y acompasado. Pobre Manuel recordando siempre los palmos entre inlge y tobillo, siempre, siempre comparando. Seis y medio, casi siete palmos, Margarita.

1 comentario:

Abel Asvir dijo...

Hay piernas que minden lo mismo que el deseo...

(te contesto por mail, será un placer)