15/4/12

lo miré, más ridícula que calamidad, pero él no me veía. si me hubiese visto, hubiese detenido el tiempo (no porque yo merezca la alteración de las leyes naturales, sino porque al verme, se habría visto desde mí y, por un instante, no se habría comprendido), pero no; los minutos continuaron su recorrido, también las horas, quizá los días. ya no lo sé, porque, no el tiempo, sino otra cosa se detuvo dentro de quien era y, por un instante, fui yo la que no entendía quién habitaba bajo mi piel, quién hablaba desde mi lengua, quién te amaba desde mi centro.