11/1/10

Cuento para Carmen y Manuel

Había una vez una niña que cazaba globos. Siempre que un globo se escapaba de las manos de alguien o aparecía perdido en mitad de una calle, la niña que cazaba globos lo rescataba y lo devolvía a su dueño.

Cierto día, la niña que cazaba globos decidió que ella también quería tener un globo y que no descansaría hasta que cazase el globo más grande jamás imaginado. Para eso, comenzó a viajar por toda la tierra.

El problema era que, como estaba tan obcecada en cazar el globo más grande jamás imaginado, se olvidaba ya de cazar todos los globos de tamaño pequeñito y, por lo tanto, muchos niños estaban tristes porque nadie rescataba para ellos los globos escapistas.

-Si me ocupo de los pequeños problemas –pensaba la niña que cazaba globos-, perderé mis fuerzas para enfrentarme al gran globo.

Pero cada vez había más y más niños tristes que habían perdido sus globos, tantos que, de pronto, la niña que cazaba globos reparó en que casi no había sonrisas en los parques, ferias y circos que visitaba.

-¿Qué les pasará a los niños? –se preguntaba sin terminar de comprenderlo-, ¿por qué se preocupan por globos tan pequeños existiendo el globo más grande jamás imaginado en algún lugar recóndito que debo encontrar?

Aunque ese globo enorme jamás aparecía y la niña que cazaba globos cada vez estaba más descontenta con su búsqueda y más preocupada por sí misma.

-Creo que era más feliz cuando cazaba globos pequeños –pensó un día mientras trepaba a un árbol para otear el horizonte y la idea la hizo detenerse al instante.

De pronto, la niña que cazaba globos no sabía qué era más importante: si la felicidad o el reto que se había propuesto. Así que se sentó para intentar buscar la respuesta a esa pregunta.

Estando sentada, con las piernas cruzadas concentrada en ninguna parte, un minúsculo globo azul le fue a dar en la rodilla. Levantó los ojos y vio que, tras él, un niño rubio venía corriendo con cara de preocupación. Levantándose, la niña que cazaba globos, sostuvo el globito azul y se lo tendió al chiquillo.

-¡Muchas gracias! –rió el niño- ¡Creí que nunca volvería a verlo!
-Pero es un globo muy pequeño… –le dijo la niña cazadora.
-Sí, pero es mi globo, el mío –explicó el chiquillo sonriendo-, me gusta así. ¿Tú no tienes globo?
-Estoy en campaña de caza del globo más grande jamás imaginado –dijo ella con orgullo.
-¿Y para qué quieres un globo tan grande?
-Pues… –la niña reparó en que ya ni siquiera recordaba para qué quería el globo que andaba buscando-. Porque sí…
-Ah, vale… –se encogió de hombros el dueño del globito azul y se fue corriendo a seguir jugando.

No sabemos muy bien lo que realmente pasó por la cabeza de la niña que cazaba globos en aquel momento, pero la verdad es que, desde aquella tarde junto al árbol, abandonó su empresa de cazar el globo más grande jamás imaginado. Y dicen, los que se la encuentran a veces, que lleva un globito rojo, no demasiado grande, no demasiado pequeño, atado a la muñeca mientras caza y devuelve globos a los demás para sembrar sonrisas.

¡Ah! Y también dicen que, si le comentas algo sobre el tamaño algo ridículo de su propio globo, la niña cazadora responde muy orgullosa y con media sonrisa: “es mi globo, a mí me gusta así”.

4 comentarios:

Jime dijo...

No tiene que ser el más grande ni el mejor para gustarte.. solo tiene que ser tuyo y gustarte a ti! Me encantó!

DANI dijo...

Es fantástico. NO se si Gabriela lo entenderá, pero mañana se lo cuento ja ja ja.

Besos "como a mi me gustan"

Gabiprog dijo...

Al final siempre necesitamos un ejemplo para aprender las mejores lecciones!!

:)

MâKtü[b] dijo...

Se me escapó mi globo :(
espero que la niña que caza globos encuentre el mio algun dia...

besos!