
-Estuviste en las puertas de mi casa -me increpa y el dolor de su mirada me encoge el corazón-, estuviste en las puertas de mi casa, habías venido a buscarme.
-No... -susurro sin saber si digo toda la verdad. ¿Había ido a buscarlo? Pasar por delante de nuestra catedral era una señal por mi parte, y estaba claro que había sentido el miedo agarrarse a mis costillas cuando se apagaron todas las luces de la plaza y escuché el agua correr por las calles mientras miraba el tímpano del juicio. Pero no creí que él pensase que aquello significaba un sí después de tantos años.
-Te escuché... -insiste dando un paso hacia mí y alargando su mano a mi mejilla. Cierro los ojos-. Te escuché dudar...
2 comentarios:
dudas...malas compañeras, pero buenas consejeras...
Si no dudas, nunca sabes si estás convencido, no crees??
Besos indudables
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