2/6/09



-¿Has escrito sobre nosotros? -me sobresaltó la voz de Peter desde la ventana. Recogí rápidamente la casaca escarlata y la dejé junto al costurero debajo de la silla.
-No he tenido mucho tiempo -le dije tratando de sonreír con inocencia. Peter me miró con ojos curiosos y después contempló la habitación.
-Has cambiado los muebles de sitio -señaló reparando en las estanterías cargadas de libros.
Atravesó volando el cuarto y se posó con elegancia a mi lado. Volvía a tener ese gesto de fingida inocencia, empecé a ponerme nerviosa-. ¿Por qué?

¿Qué iba a responderle? ¿Que seguía creciendo? ¿Que aquello no pararía, que llegaría el día en que al mirarme él no supiese quién era ya?

-Me apetecía dar un aire nuevo a las cosas -respondí intentando sonar convincente.
-A mí me gustaban como estaban...

Peter deambuló por la habitación sin levantar el vuelo, acarició con sus manos pequeñas los estantes plagados de novelas, su rostro dulce se iba ensombreciendo conforme descubría más y más cambios. Tropezó sus dedos dulces con un joyero pequeño.

-No lo abras, Peter -rogué sin saber si impedírselo, clavada en el suelo junto a la silla, tapando el costurero con mi falda.

Supongo que era la señal que él esperaba. Mordiéndose el labio, el niño inmortal giró la llave diminuta y se contempló vencido en el espejo del interior de la caja. Acarició con manos temblorosas mis pequeños tesoros. Esperaba que se volviese hacia mí, indignado, con los ojos cargados de reproches y la espada en alto, considerándome otra vez el enemigo; pero cerró la cajita y se dejó caer sobre la alfombra, hecho un ovillo, sollozando. No pude evitar acercarme y arroparlo en un abrazo acostumbrado.

-¡Cóseme otra vez la sombra, Wendy, tengo tanto miedo! -lloró desconsolado, como si mis brazos solo fuesen otro desierto más, un vacío de piratas.
-Ya no puedo, Peter -murmuré sin sentirme culpable, arrullándolo contra mi pecho.




3 comentarios:

Marta Mesa dijo...

Que triste, pero así son las cosas ¿no?

DANI dijo...

Prefiero se un pequeño príncipe que ve serpientes que se comen elefantes en lugar de sombreros. Quiero seguir siendo un niño, pero sin oponerme a la naturaleza que me hace viejo.

El niño lo sigo llevando muy adentro.

Besos pequeñitos

Gabiprog dijo...

Estudié que el agua y la sal eran dos elementos altamente corrosivos, más tarde supe por mi mismo que también había que temer a relojes y calendarios.

Besos!!