18/11/08


Solíamos vernos en una placita escondida unas calles más allá de mi casa. Eran citas, porque lo eran, pero no las llamábamos así. Las llamábamos “quizá nos vemos esta tarde” o “hasta mañana”. Luego, cuando en invierno caía la noche, entre las siete y las ocho y media, acudíamos a nuestra plaza sin decirnos nada. Volví muchas noches a casa con el corazón desolado de gorrión tiritando de frío porque no habías aparecido, y por no querer llevar abrigo para que contemplases mis nuevas caderas, mi pecho incipiente bajo la camiseta masculina, mi cintura pequeña. Recuerdo que cuanto más emocionada estaba por verte, más alta era la posibilidad de que no estuvieses esperándome sentado, entretenido en cualquier cosa. Entonces yo tenía la opción de ir a casa de un amigo como excusa personal frente al desánimo, pero seguía esperando porque no existían los teléfonos móviles, ni los hubiésemos usado. Nos gustaba encontrarnos allí, sintiendo las manos de témpano acurrucadas en los bolsillos, el rostro terso de frío. No nos importaba que diluviase, entonces tú llevabas un paraguas y yo había llegado corriendo, me esperabas con tu chándal azul –ese que ahora me pongo cuando voy a tu casa y que no quieres regalarme- debajo del balcón de algún vecino y nos pegábamos a las cocheras para poder hablarnos, muy bajito, al oído. Si yo tenía suerte me abrigabas con un roce o me apartabas un mechón de la frente arrancando dos rosetones rojos acalorados en mis mejillas. Y tus ojos eran azul, pero no los conocía. Había días en los que yo estaba cansada y luchaba contigo para destrozar todos los buenos momentos del día, días en los que me dejaba vencer por ti y me llevabas a tu terreno de risas, días en los que volvía a casa con los ojos llenos de lágrimas o sonriendo como una tonta para escribir cartas contando mis nuevas conquistas. Nada importaba ya. Nos veríamos de nuevo, en un pasillo del instituto, cruzaríamos miradas, más adelante besos, y volveríamos a despedirnos, suplicando un “quizá nos vemos, hasta mañana”.

5 comentarios:

Abel Asvir dijo...

Hay cosas que uno no debe confiar al azar, tras un "mañana nos vemos" yo siempre preguntaba " a qué hora?"

Qué bueno el video que me dejaste ayer, cuantas cosas hacemos por pura inercia sin ser realemnte conscientes, que terrible es todo!!!

Antonio Alfonso Jiménez dijo...

Cómo me gustan últimamente estas historias naif ...

Luar dijo...

Hasta siempre...

Lograi el Luciérnago dijo...

Joer, qué bonito... :P
Esos recuerdos de años pasados son tan tiernos ahora, en cambio, en su momento, eran tan emocionantes...
La foto es nueva, ¿no? :P
¡Besitos, Nena!

Juan dijo...

algo asi como "un encuentro casual es mo menos casual entre nosotros."