3/6/08


Mi hijo tiene el pelo corto y, cuando duerme, el sudor le besa los pequeños mechones rebeldes. Respira tan acompasado sobre mi pecho, que me hace sentir asfixia su profundidad. Se tumba en mí, como si fuese una barca, y se enreda en mis rizos como cabos. Busca, poco a poco, en la inconsciencia, el nido de mi cuello para apoyar su frente tranquila. Y sus piernas se resbalan en mis piernas, cayendo como fardos hipnotizados. Sus bracitos tiernos se recogen sobre mi pecho derecho, con las manos semicerradas de deditos dulces. Yo no puedo resistir, perderme en su frente tersa que a veces se arruga llevada del sueño. Sus labios gruesos, entreabiertos, dejan salir bocanadas de aire que no quiero interrumpir con mis suspiros.

-Si quieres lo llevo a la cama.

-No -murmuro mirando a mi príncipe durmiente.

Y no puedo decir en voz alta las palabras que siento: "ojalá durmiese siempre sobre mí".






(Cuando me he despertado, es fácil suponer lo sola que me he sentido)

4 comentarios:

Luar dijo...

Sentir que algo que es parte de nosotros que se duerme tan tranquilo sin saber lo que le espera el futuro. Nos hace sentir impotentes y pequeños a la vez!
"ojalá durmiese siempre sobre mí".

Un beso.

Juan dijo...

Algún día el sueño se hará realidad, :)

Abel Asvir dijo...

Resulta hermoso, y sin embargo es un peso que yo no deseo, carezco del instinto de perpetuarme

Antonio Alfonso Jiménez dijo...

No podría explicarte porqué: cómo me duele leer esto. Qué vacío inmenso cabe en los deseos frustrados de una persona.

Sueña.

Cuánto me he perdido de tus palabras en este tiempo....recuperar.