29/12/07


Están sentados en el sofá viendo una película para adolescentes. Ella está recostada sobre él, con la cabeza en su hombro y abrazada a su brazo. De vez en cuando, sin darse cuenta, le toma la mano y dibuja en ella círculos con sus dedos. Se detiene en cada arruga, sorprendida por detalles que no había descubierto antes. Pero siempre para pronto, sabe que a él le molesta de una manera muy cómica que le hace salir de sus casillas. Las caricias lo ponen tan nervioso que le dan ganas de gritar. A ella le gusta tanto acariciarlo que casi siempre se olvida.

Él empieza a moverse en el sofá, reajusta los cojines, se coloca la ropa. Ella, tras cada gesto, se abraza más a él, respirando su olor para guardárselo muy dentro. Huele a recién salido de la ducha y a cansancio. Cuando no la mira, ella se ensimisma con la comisura de sus labios, con la barba que empieza a brotar de nuevo como cesped joven, con la forma tierna de sus diminutas orejas, la línea de su cuello, las pestañas largas...

Él vuelve a moverse en el sofá.
-Ay,-se queja-. ¡Qué agobio, por Dios! -Resopla- ¿Qué te pasa últimamente que estás tan enamorada?

Ella se aparta el otro lado del sofá, se agarra las rodillas con las manos y las mira. Llora muda de desgarro y frustración. Él se estira por el rabillo del ojo y vuelve a ponerse cómodo, se ríe y tira de ella despreocupado para volverla a traer a su lado.

Están sentados en el sofá viendo una película para adolescentes. Él es de piedra y sol. Ella es de charcos y lee demasiado.

3 comentarios:

Luar dijo...

Y tan distintos son la pareja...possible!?

Abel Asvir dijo...

a mi me parece una mezcla perfecta!!!

Juan dijo...

claro, como dos perfectos complementos...