a mí me pasa que la muerte
se me engancha en los zapatos
y por más que los sacudo,
por más que los ensucio,
no se me borra su imagen
del charol.
16/4/18
5/4/18
me ocupo
de decirle al día
que tome su lugar
en el calendario,
de ordenar
las nubes en los mapas
y mecanografiar
el nombre de las listas.
me ocupo de repasar
la línea del antes
que separa al después,
de generar acentos
para tus vocales tónicas,
de respirar el aire
que se escapa de los ascensores
como un rugido mudo.
es mi deber
guardar las frases
bien dobladas,
airear el café por la ventana,
multiplicar los charcos.
me ocupo del tiempo
que no vuelve
y del que vendrá
-sin hacerlos diferentes-.
esparzo el trigo
en las reuniones,
blando paraguas acostumbrados
a la oscuridad,
invento flores.
hago estas cosas.
siempre.
sin pensar.
de decirle al día
que tome su lugar
en el calendario,
de ordenar
las nubes en los mapas
y mecanografiar
el nombre de las listas.
me ocupo de repasar
la línea del antes
que separa al después,
de generar acentos
para tus vocales tónicas,
de respirar el aire
que se escapa de los ascensores
como un rugido mudo.
es mi deber
guardar las frases
bien dobladas,
airear el café por la ventana,
multiplicar los charcos.
me ocupo del tiempo
que no vuelve
y del que vendrá
-sin hacerlos diferentes-.
esparzo el trigo
en las reuniones,
blando paraguas acostumbrados
a la oscuridad,
invento flores.
hago estas cosas.
siempre.
sin pensar.
lo que te entrego,
que crece en las ramas de ese mundo
construido por los dos al elevarnos,
no calma la sed: la eterniza;
no quita el hambre: la azuza;
no apaga el miedo: lo eleva.
mi ofrenda no seduce a ningún dios:
la muerte llega.
y en el segundo, la victoria.
lo que te entrego es hoy,
ahora, un canto de begonia y luz
que tú escuchas, sonriendo,
con los ojos cerrados.
que crece en las ramas de ese mundo
construido por los dos al elevarnos,
no calma la sed: la eterniza;
no quita el hambre: la azuza;
no apaga el miedo: lo eleva.
mi ofrenda no seduce a ningún dios:
la muerte llega.
y en el segundo, la victoria.
lo que te entrego es hoy,
ahora, un canto de begonia y luz
que tú escuchas, sonriendo,
con los ojos cerrados.
el pájaro mueve las alas:
pía.
me detengo.
pauso, bajo, el mundo,
tarareando números:
mi nana dulce
de jaula quieta.
lento, lento, gorrión,
cariño mío,
un, dos, tres, cuatro,
gorrión, lento.
después respiro.
más tarde cantamos,
los dos,
sincronizados,
cuando el día se ha deshecho
y la mano tibia
me acaricia:
estás aquí.
estás ahora.
pía.
me detengo.
pauso, bajo, el mundo,
tarareando números:
mi nana dulce
de jaula quieta.
lento, lento, gorrión,
cariño mío,
un, dos, tres, cuatro,
gorrión, lento.
después respiro.
más tarde cantamos,
los dos,
sincronizados,
cuando el día se ha deshecho
y la mano tibia
me acaricia:
estás aquí.
estás ahora.
desde el pasillo se oye el reloj del salón adelantado, unos segundos, al reloj de la cocina.
en una balda, de la estantería, un reloj late en su caja.
dos relojes, en el hueco de la cama, hacen su trabajo con el tiempo
-que no pasa igual tan lejos de la calle-.
los ordenadores
tienen dentro un reloj.
tienen dentro un reloj.
los teléfonos,
el horno tiene.
el cuerpo
tiene dentro un reloj.
tiene dentro un reloj.
como las plantas,
como la tierra,
como el dios de las ardillas y los alces.
somos y media, tú y yo, en el recuerdo del tiempo,
en el ahora.
en el mañana,
aunque los números se repitan en secuencias perturbadoras.
y media. tú y yo.
parados juntos.
¿te acuerdas?
somos y media, tú y yo, en el recuerdo del tiempo,
en el ahora.
en el mañana,
aunque los números se repitan en secuencias perturbadoras.
y media. tú y yo.
parados juntos.
¿te acuerdas?
la belleza pide pan
y yo estoy encerrada
entre cuatro paredes monstruosas
sin ventana por la que asaltar el mundo
miro y mis ojos no ven
hablo y mis palabras se quedan vacías
hay rastros de otras voces en el viento
que recorre las habitaciones
de la casa a la que nadie quiso ir
cuando mis dedos
golpean las puertas
y mis manos se aferran
a los interruptores
la quietud de un mapa olvidado
me sorprende.
quiero una soledad para sentirme sola,
para escribirte.
no quiero correr
siempre en la misma baldosa.
y yo estoy encerrada
entre cuatro paredes monstruosas
sin ventana por la que asaltar el mundo
miro y mis ojos no ven
hablo y mis palabras se quedan vacías
hay rastros de otras voces en el viento
que recorre las habitaciones
de la casa a la que nadie quiso ir
cuando mis dedos
golpean las puertas
y mis manos se aferran
a los interruptores
la quietud de un mapa olvidado
me sorprende.
quiero una soledad para sentirme sola,
para escribirte.
no quiero correr
siempre en la misma baldosa.
15/1/18
al partirme,
le digo,
yo no soy dos,
yo no florezco.
al partirme,
le digo,
soy una.
no sé qué herida, qué piedra, qué mapa, al partirme
al partirme
el invierno,
el tallo,
el brote,
al partirme, mírelo.
yo lo sostengo con las manos que tiemblan,
lo alzo,
mírelo.
¿qué es esto?
el roto es una puerta?
el roto, al partirme, es una luz,
tú estás en ella-
en ella cantas.
al partirme,
dígamelo,
yo permanezco?
le digo,
yo no soy dos,
yo no florezco.
al partirme,
le digo,
soy una.
no sé qué herida, qué piedra, qué mapa, al partirme
al partirme
el invierno,
el tallo,
el brote,
al partirme, mírelo.
yo lo sostengo con las manos que tiemblan,
lo alzo,
mírelo.
¿qué es esto?
el roto es una puerta?
el roto, al partirme, es una luz,
tú estás en ella-
en ella cantas.
al partirme,
dígamelo,
yo permanezco?
19/12/17
llamaste a la geometría para tranquilizar tu alma,
línea dijiste y paralela,
fuera el círculo, la curva, los milagros.
querías una casa transparente de números enteros
y un traductor del mundo matemático.
¡qué miedo te daba mi mirar a mano alzada,
mi ir y venir desordenando, paralizante!
línea dijiste y paralela;
midiendo cada hueco de la carne, la esperanza.
querías un refugio regular donde esconderte
una fórmula, una regla, normas firmes, demostradas,
no un amante, un equilibrio, no un amor
-ni siquiera el mío-.
12/12/17
estoy a las puertas del rayo sosteniendo el grito.
sé que ha de llegar
que llega
frente al abismo, pendo
del hilo que sujeta el grito
antes de la luz que incendia
mis dedos no se alzan
no se clavan en la tierra
se revuelven
van adentro
buscan una nada blanca
que me ciega
escucho mi voz
la reconozco
reza
sé que ha de llegar
que llega
frente al abismo, pendo
del hilo que sujeta el grito
antes de la luz que incendia
mis dedos no se alzan
no se clavan en la tierra
se revuelven
van adentro
buscan una nada blanca
que me ciega
escucho mi voz
la reconozco
reza
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