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28/10/12

nunca pensamos permitirnos pensar de esa manera.
las palabras pueden ser carceleros invencibles.
pero no los ojos. por un ojo se libera un águila.
y un pájaro lleva a una boca y una boca
contiene andenes y los trenes
descansan en mi cama:
el lugar donde ato los verbos
con lazos de conjunciones y a ti.

22/2/11

 -¿Y quién puede dormir con la cabeza llena de pájaros?
 -¿Y el estómago lleno de grillos cantando?
 -No, los grillos están muy callados por si les da hambre a los pájaros.

5/1/11





edición limitada por reyes palabras de usar y tirar 
por si alguien lo quiere regalar, aquí están las dos hojas que componen el poemario, la única complicación es doblar y recortar, elegir cartulina y grapar.

¡que los reyes os traigan carbón del dulce!

2/1/11

creo que reto superado (abel y yo, jugando con palabras, acabamos proponiéndonos escribir una historia, esta es mi versión de los hechos)

Habíamos llegado a ese punto en que las discusiones más absurdas –si la mermelada se llamaba compota, no, se llama mermelada, en mi casa siempre se ha llamado compota, en tu casa siempre habéis llamado a las cosas con nombres absurdos, yo no he dicho nada de las costumbres absurdas de tu casa...- se convertían en auténticas batallas campales. Me había vuelto a retrasar en la última intervención en el quirófano. Una hemorragia imprevista nos había complicado lo que se programó como una operación sencilla y llegaba tarde para la cena. Sentía mi cabeza cargada como las tripas de un submarino mientras conducía de vuelta a casa. No podía evitar que me horrorizase la idea de llegar para volver a enzarzarme en una serie de justificaciones anodinas que sólo servirían para disimular que nada iba como antes. ¿Pero cómo iban las cosas antes? Reconstruir la prehistoria de nuestra relación sólo me hacía tropezarme con el típico cualquier tiempo pasado fue mejor, así que prefería claudicar en esa empresa y enfrentarme a cada nueva pelea como si siempre nos encontrásemos a una míriada de la reconciliación. Esa reconciliación mágica que nos haría comprar billetes de tren a la conchinchina y convertiría todas nuestras cenas en merengue. Pero no eran merengue, me hubiese dado igual cenar centollo que colágeno, todo me sabía a mercromina, todo parecía llenarme la boca de arena. Quizá por eso al final sólo hablaba de gilipolleces. Intenté recordar la última conversación en la que habíamos estado de acuerdo y me horroricé al descubrir que sólo habíamos coincidido en la necesidad de una nueva aspiradora. Bajé por la rampa en forma de tirabuzón que conducía a la tercera planta del garaje del bloque de pisos en los que vivíamos desde que nos habíamos decidido a compartir algo más que los fines de semana. Odiaba aquella rampa. Odiaba tener la sensación de que iba a dejarme medio coche en la última curva. Nos habían engañado con el parking. Apagar el motor eliminó uno de los ruidos molestos que me iban acompañando. ¿Qué iba a decir? Respiré profundamente y agarré mi chaqueta antes de salir. Me dirigí hacia la puerta que llevaba a los ascensores y me sorprendí al encontrar, como una sonrisa abandonada por capricho, una raja de sandía meciéndose sobre el suelo gris de la cochera. Como un idiota me quedé mirando el rojo húmedo de la fruta, me pareció gracioso verla allí, como si estuviese esperando también a que pasase algo. No pude evitar acordarme de nuestro primer viaje como pareja, cuando accedí a su sueño tropical de la isla Pelícano  y nos cayó una tormenta como un demonio que nos obligó a estar encerrados en el hotel, gritando rayos y centellas y comiendo sandía como dos niños abandonados. Cuando todavía me resultaba cómico que dijese estupideces como “repámpanos” o empeñase su tiempo libre en novelas rosa forradas con hojas de periódico. Se apagó la luz del parking. Yo seguía allí, con la chaqueta sobre el brazo contemplando la sombra de la sandía, petrificado de pronto por la idea de que él no había cambiado, de que era yo el que me había convertido en un ser extraño, de que ya no disfrutaba con las cosas que antes obligaban mi sonrisa. ¿Qué me estaba pasando?


(aquí la versión de abel)

3/11/10

atesoro errores,
                           algunos conservan sus propios nombres,
otros,
olvidados por cansancio,
intentan reinventarse,

anidan mis costillas como pájaros en cables de tensión,
parlotean por las tardes,
                                    por las noches hablan demasiado,

les doy de comer mi propia carne,
les prometo la resurrección
en una herejía interminable     compuesta por mi ignorancia.
atesoro errores, faltas, cicatrices,
                                                  palabras
                                                                 poemas que ya
                                                                                        no quiero leer
                                                                                                               me

23/9/10

el mar ha desaparecido con la lluvia
es otoño
he venido a renombrarlo todo
ya no soy yo
ninguna de nosotras somos yo
los charcos han conquistado mis zapatos
hoy cualquiera de nosotras es
aunque te empeñes en llamarnos tuya

10/8/10

los lagartos acampan en mi casa
han subido las persianas y claman la luz
dicen que vienen de tu parte
a tomar el sol y acompañarme
intento barrerlos hacia fuera
pero son más rápidos de lo que parece
y a la final se quedan.

2/8/10

no teníamos nada que decir al respecto...

(a veces hay frases así dando vueltas en mi cabeza, como si quisieran construir una historia, cualquier historia, pueden seguir de tantas formas...)

así que no hubo más...

(podría haber dicho algo sobre el bolso de su hombro o quizá sobre cómo los jazmines olían en el camino hacia su casa, quizá algo al respecto de la mirada que él mantenía constante en su boca)

simplemente nos separamos allí...

(pero entonces pienso en esa frase del principio... no tener nada que decir no significa no tener nada que hacer... podría volver a intentarlo... desordenarlo desde el comienzo)

no teníamos nada que decir al respecto, así que...

(pero es imposible hoy... no puede terminar bien)

16/6/10

inoportuna
como cuando saludas a alguien equivocadamente
y descubres con rubor tu excesiva familiaridad con el sujeto
que no conoces de absolutamente nada
mientras cubres natural tu inapropiada incursión
en la intimidad de otro,
así aparecí en tu mundo, subiendo los pies a la mesa
y preguntando cuándo se servía la cena.

29/5/10

desaparecida por inspiración / en alma de cuenta cuentos / saltando de este lado al otro / buscándote




(perdonadme las ausencias, prometo pasar a leer cuando encuentre un remanso de paz entre las palabras de mi cabeza)

9/4/10

from drama
la casualidad se volvió contra ella
llevaba americana y besaba bien.

6/4/10

decir la verdad me hace sentir idiota

así que digo lo que se tiene que decir

qué buen día hace
¿quieres tomar un café?
ayer compré mantequilla
el cielo está más azul
qué escándalo de noticia

(la poesía se me clava
en el paladar
haciéndome sentir siempre
sed de ti)

recogeré a los niños
tú recoge la cocina
el sábado comemos con tu madre
la verdad nos hace libres
se acabó la mercromina

(se me ahogó
el lenguaje
bajo el lenguaje)

21/12/09

-¿Te acuerdas el truco ese viejo de entonces?
-Claro que me acuerdo.
-¿Entonces no te vas a dejar engañar?
-Tú prueba y ya veremos.

16/12/09

-Bébete esto –me indicó con su voz ronca, susurrante en la habitación oscura.
Tomé con mis dos manos el cuenco humeante, no confiaba en ser capaz de sujetarlo de otra forma. Tenía miedo y temblaba. El líquido era muy suave al paladar, pero el sabor, si es que podía llamarse así, era insoportable. Dolía. Simplemente dolía al atravesar mi lengua, al cruzar mi garganta como el fuego hasta alojarse en el centro de mi estómago.
-Todo –apostilló acariciándome el pelo con sus manos arrugadas, mirándome desde aquel lugar inaccesible al que yo ansiaba llegar.
Comencé a tiritar y me ayudó a sujetar el cuenco para que no derramase las últimas gotas de su contenido. Después, tratándome como si fuese una niña asustada, liberó mis manos de la presión contra el recipiente y me empujó con suavidad sobre el catre improvisado que había extendido en el suelo a mi llegada, cuando todavía no tenía claro si quería participar en aquello. Escuché el ruido de sus pulseras acompañadas del susurro que sus labios producían al recitar palabras incomprensibles junto a mi oído. El sabor amargo había pasado y sólo podía experimentar el nerviosismo de la duda, ¿funcionaría?
Cerré los ojos mecida por sus oraciones, traté de relajar todos mis músculos tal y como había aprendido para conciliar el sueño, intenté vaciar mi mente. Pero todo seguía allí.
De pronto, la mujer dejó de murmurar. Temí abrir los ojos.
-Libera todos tus demonios –dijo ronca posando su mano abierta sobre mi pecho tembloroso. El contacto fue mínimo y de inmediato el dolor se desató como un torrente cegando todo lo demás. Intenté resistirme. No lo logré. Perdí el sentido.

25/11/09


Lucía apagó el paraguas contra sus manos heladas. Sentía el frío colándose en todos los rincones de la casa y de ella. Todo estaba lleno de charcos, pero no había empezado a llover. El pasillo era un espejo de humedad y en el sueño no se veía tan bonita, se veía simplemente ella.
-Voy a morir -le susurró asustada al equilibrio.
Le respondió una risa suave de grillos, helándole la sangre. Un campo de amapolas surgió en el comedor cuando coleccionaba vasos de cristal vacíos sobre las estanterías y un libro le fue recitando su historia con voz de actor venido a menos. Se tocó la barriga con dedos grises para que creciesen canciones a su alrededor, pero en la cama sólo dormían tres sapos coronados de maiz.
Lo importante, al final de todo, era el abrigo rojo que reconocieron los lobos cuando la vieron llegar, herida al lavabo, con miedo en los ojos y boca incendiada. Lo importante fue lo que pasó en la cocina, cuando el suelo se abrió como un prado para recibirla.
-Voy a morir -repitió mirándose la piel-. Voy a morirme.


Dani, me lo inspiraron tus fotografías de hoy y la canción.


23/11/09


Quería saber cuál era la puerta para salir de allí, pero había tantas que tenía miedo de equivocarse. Así que se sentó a esperar a que alguien le susurrase una buena idea. El problema es que estaba completamente aislada allí y eso, irremediablemente, significaba que estaba sola. Cuando llevaba un tiempo practicando su estúpido intento, le pareció escuchar el sonido de un pomo al ser girado, pero descubrió pronto que sólo era el ruido de sus tripas rugiendo de hambre -de hambre y de amor-. Apoyó las manos a su espalda y estiró las piernas. Aquello iba para largo.

17/11/09


¿Por qué te tratas así, mujer, cortándote las alas como sombras mal cosidas a la espalda? Deja de atarte el corazón para que no sienta miedo, para que no recuerde. Te estás convirtiendo en piedra, mujer, estás envenenándote la piel. Si sigues imponiéndote esta ley, vas a conseguirlo, lo sabes, y después nadie vendrá a salvarte. Esta historia nos la conocemos bien, tú y yo. No puedes ser imparcial con la emoción. No puedes ser pretendidamente justa.