28/10/12
las palabras pueden ser carceleros invencibles.
pero no los ojos. por un ojo se libera un águila.
y un pájaro lleva a una boca y una boca
contiene andenes y los trenes
descansan en mi cama:
el lugar donde ato los verbos
con lazos de conjunciones y a ti.
22/2/11
5/1/11
2/1/11
3/11/10
algunos conservan sus propios nombres,
otros,
olvidados por cansancio,
intentan reinventarse,
anidan mis costillas como pájaros en cables de tensión,
parlotean por las tardes,
por las noches hablan demasiado,
les doy de comer mi propia carne,
les prometo la resurrección
en una herejía interminable compuesta por mi ignorancia.
atesoro errores, faltas, cicatrices,
palabras
poemas que ya
no quiero leer
me
23/9/10
10/8/10
2/8/10
16/6/10
29/5/10
4/5/10
6/4/10
12/2/10
21/12/09
16/12/09
-Bébete esto –me indicó con su voz ronca, susurrante en la habitación oscura.
Tomé con mis dos manos el cuenco humeante, no confiaba en ser capaz de sujetarlo de otra forma. Tenía miedo y temblaba. El líquido era muy suave al paladar, pero el sabor, si es que podía llamarse así, era insoportable. Dolía. Simplemente dolía al atravesar mi lengua, al cruzar mi garganta como el fuego hasta alojarse en el centro de mi estómago.
-Todo –apostilló acariciándome el pelo con sus manos arrugadas, mirándome desde aquel lugar inaccesible al que yo ansiaba llegar.
Comencé a tiritar y me ayudó a sujetar el cuenco para que no derramase las últimas gotas de su contenido. Después, tratándome como si fuese una niña asustada, liberó mis manos de la presión contra el recipiente y me empujó con suavidad sobre el catre improvisado que había extendido en el suelo a mi llegada, cuando todavía no tenía claro si quería participar en aquello. Escuché el ruido de sus pulseras acompañadas del susurro que sus labios producían al recitar palabras incomprensibles junto a mi oído. El sabor amargo había pasado y sólo podía experimentar el nerviosismo de la duda, ¿funcionaría?
Cerré los ojos mecida por sus oraciones, traté de relajar todos mis músculos tal y como había aprendido para conciliar el sueño, intenté vaciar mi mente. Pero todo seguía allí.
De pronto, la mujer dejó de murmurar. Temí abrir los ojos.
-Libera todos tus demonios –dijo ronca posando su mano abierta sobre mi pecho tembloroso. El contacto fue mínimo y de inmediato el dolor se desató como un torrente cegando todo lo demás. Intenté resistirme. No lo logré. Perdí el sentido.
25/11/09

23/11/09

17/11/09





