28/7/08


Cuando tenía trece años una de mis amigas me enseñó un truco para que mis padres no notasen que había estado llorando. A los trece años se llora por todo, aunque yo todavía lloro con los anuncios de la tele. El truco era muy sencillo, pero yo no habría caído en la vida. No bastaba con lavarse la cara en la fuente de la plaza, también tenías que separarte las pestañas, porque al llorar, la sal las dejaba pegadas en ramilletes delatores.


Había muchos trucos para evitar que te descubriesen después de una berrinchera. Yo doy gracias a los espejos de los portales de los bloques y al espejo del ascensor. Había días que tenía que pasar mis quince minutos buenos delante del espejo ensayando la sonrisa. A veces me entristecía tanto verme sonriendo tan falsamente que me volvía a derrumbar en llantina adolescente. Al final tomé mucha práctica, ahora sólo tardo unos segundos en encajar el golpe y seguir sonriendo. A veces ni siquiera necesito mirarme en el espejo.


Creo que todavía tengo alma de adolescente, todavía me dan pataletas y siento que está a punto de rompérseme el corazón. Sinceramente pienso que nunca voy a dejar escapar esta capacidad para destrozarme por dentro, me hace sentirme viva. Y, en el fondo, reconozco que siempre me he sentido más guapa llorando. La belleza de un ser de cristal me roba el aliento.

26/7/08


Mejorando mi habilidad para sentirme estúpida.

22/7/08


Cristina tenía en la mente canciones, letrillas que iba repitiendo por la calle, entre dientes hasta que sin darse cuenta lucía sus vocales a voz en grito. Cristina bailaba en la calle, dejándose llevar por el saxo de la esquina. La primera vez que Alicia la vio, tarareaba a las margaritas de un puesto de flores.

21/7/08


La vida resuelta a los 23 años suena a película de terror de serie B.
He aprobado las oposiciones y he conseguido plaza.
Seré profesora de Lengua y Literatura en septiembre.
Hasta hace un año septiembre era mi mes preferido porque el 24 es mi cumpleaños.
Mi último cumpleaños lo pasé tendida en la cama, llorando, abrazando al hombre sencillo porque me habían roto el corazón.
Los corazones rotos, cuando pasa el tiempo, son algo así como un eco que no queremos escuchar.
Las olas del mar rugen como leones mansos, reverberándo en el espacio de la conciencia.
Debajo del agua el tiempo no existe.
Yo no existo.
Acaricio con los pies la trascendencia.

7/7/08


-Prepara la maleta, a las una paso a recogerte.


Primero he hecho una lista de todas las cosas que quiero llevar. Después he bajado la maleta roja, regalo de mis abuelos para las giras de teatro, del altillo y sin hacer mucho caso a la lista he comenzado a llenarla de vestidos. En verano tiraría todo lo demás y me quedaría sólo con los vestidos fresquitos. Después me he puesto a organizar los textos que tenía que pasar al portatil para continuar escribiendo a la orilla del mar la historia de mi Perséfone particular. He seleccionado dos novelas para quince días, con la esperanza de poder comprar otra en el puesto que ponen al lado de la playa, y he abierto mi moleskine nueva después de guardar la que llevo dos años usando.

Por último he guardado los zapatos, la cámara de fotos y todos los bikinis. ¡Y ya está! Voy corriendo a vestirme y a cruzar los dedos para que sea puntual.
Espero conseguir piratear internet para leeros a todos!

6/7/08


Abrázame muy fuerte,
he soñado que tenía roto el corazón.

4/7/08


Hoy comparto este café contigo. Cuando tengo tantas cosas por hacer y el polvo de mi dormitorio me amenaza con secuestros, escondido entre las montañas de libros y apuntes que definen la nueva geografía de mi habitación. Voy a derribar barreras de esta carrera de obstáculos para dirigirme firme aquí, todas las mañanas, todos los segundos en que el calor no me haga sudar desesperada anclando las palabras en el sopor. Me gusta el sonido de la mañana, el ruido de la obra junto a mi ventana, la señora que pasa tarareando a tantos metros de mí de camino hacia la tienda. Y mi madre trajinando por la casa como una sombra para que Javi no se despierte. Los pájaros, el aire todavía fresco.

Hoy comparto este café contigo, sin prometerte nada. No puedo darte nada más de lo que tienes. Pero miro, imaginando que miras, que miramos, que todos cruzamos sonrisas de recién levantados. Imagino un beso en la frente, una caricia. Y después vuelvo a ser yo, asfixiada, en último sorbo, recogiéndome torpemente el pelo para enfrentarme a mi día.

2/7/08


En la floristería de la esquina habían abierto una librería de viejo. Sofía bajaba todas las tardes, con sus ocho años en el bolsillo, a acariciar Cervantes, el gato del dueño, y a llevarse en el pelo el olor a jazmines y polvo. La puerta sonaba a cascabeles, y sus pasos inocentes a mariposas.

17/6/08


Estoy enfadada. Quiero ir a la piscina y nadar. Sentir el agua desordenándome el pelo. Sonreír sin parar mientras siento cada poro de mi piel en contacto con la libertad. Quiero ir a la orilla del mar y ponerme morena, atarme mal el bikini y jugar a las paletas. Hacer castillos de arena. Comer en la terraza, pasear por las tardes. Quiero tomar helado en la plaza. Y escribir, quiero escribir todo el rato. Y dormir del tirón. Dormir de una vez toda la noche. Quiero no tener que pensar en nada.


Este domingo tengo las oposiciones, por eso no paso por aquí. Pero os echo de menos. Ya también estoy "cabreada como una mona".

7/6/08




Me siento perpendicular del mundo.
A vece me cruzo con personas que querría coleccionar. Llevo tiempo pidiéndome a mí misma iniciar una libreta donde guarde las personas que me encuentro como por casualidad. Llevar allí a aquel muchacho delgado de la orilla del mar, al alto indio londinense, a las dos amantes, llevar a la chiquilla de sonrisa alegre, al viejo que lloraba junto al río, llevarte a ti, entre todos ellos, jefe extraño de un mundo que nunca acabas de comprender. Siempre lo dejo para el verano.
Y el verano se acaba tan rápido...

3/6/08


Mi hijo tiene el pelo corto y, cuando duerme, el sudor le besa los pequeños mechones rebeldes. Respira tan acompasado sobre mi pecho, que me hace sentir asfixia su profundidad. Se tumba en mí, como si fuese una barca, y se enreda en mis rizos como cabos. Busca, poco a poco, en la inconsciencia, el nido de mi cuello para apoyar su frente tranquila. Y sus piernas se resbalan en mis piernas, cayendo como fardos hipnotizados. Sus bracitos tiernos se recogen sobre mi pecho derecho, con las manos semicerradas de deditos dulces. Yo no puedo resistir, perderme en su frente tersa que a veces se arruga llevada del sueño. Sus labios gruesos, entreabiertos, dejan salir bocanadas de aire que no quiero interrumpir con mis suspiros.

-Si quieres lo llevo a la cama.

-No -murmuro mirando a mi príncipe durmiente.

Y no puedo decir en voz alta las palabras que siento: "ojalá durmiese siempre sobre mí".






(Cuando me he despertado, es fácil suponer lo sola que me he sentido)

2/6/08


A veces me sorprende tal sacudida de infelicidad
que me da miedo mirar
en lo más profundo de mi corazón,
por si no me reconozco.