lo sabe todo, nada
negocia. Mira, oye,
aguarda a que pase la tormenta.
Luego no dice: "¿Ves?",
solo me peina.
Las demás construyen
la montaña que habrán de subir,
cavan el precipicio, amamantan
lobos para devorar mis carnes,
aúllan en las noches si despierto,
coleccionan frases dichas
a modo de sentencia.
¿Cómo las doblego con la fuerza
de un dedo? ¿Cómo
las abrazo? Impotente,
colecciono sus piedras
y se las guardo a Dios.

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