27/10/10

Tengo cajas y cajas y cajas
de utopías que hoy no sé 
cómo llamar. 

26/10/10

un sueño extraño
Entraba en un museo donde de las paredes blancas, diminutas bajo el altísimo techo casi inalcanzable, tenían formas rugosas como si fueran cuevas. Yo andaba despacio, mirándolo todo, sorprendida por la falta de color, hasta que algunos proyectores comenzaron a funcionar dando sentido a esas paredes que al principio no lo tenían.
Entré en una habitación diminuta y circular donde un japonés muy viejo mostraba, sobre sí, en un libro enorme, un calendario con cada uno de los días de su vida y, con palabras que yo entendía, iba definiendo cada uno de ellos con ideas sencillas: gané, perdí, aprendí a olvidar… Alargué las manos y las hojas de su vida estaban también escritas en braile, pero eso no lo podía leer, porque todavía no estaba ciega.
A la pequeña habitación comenzó a entrar mucha gente, parecía que salían de una película de cine mudo por sus ropas, pero no paraban de hablar ni de hacer ruidos. Nos fuimos presentando unos a otros en aquella extraña sala circular, chocándonos con todo, y así descubrí otra habitación que conectaba con ésta por un diminuto pasillo. Allí, en una cama, dormía una mujer igual a mí, pero de tela. En cuanto clavé mis ojos admirados en ella, se despertó y se convirtió en un león enorme y fiero.
 -¡Oh, no! ¡La ha despertado! –gritó una mujer gorda vestida de verde esmeralda con los labios rojos y la cara muy pálida.
Y todos salieron en desbandada de la pequeña habitación, desperdigándose nerviosos por las escaleras del teatro, gritando y moviendo los brazos. Yo, aunque estaba muy cansada, también intentaba escapar lo más rápido posible de aquel león, pero no conseguía correr con suficiente velocidad y mis intentos de esconderme eran ineficaces, porque la fiera siempre sabía dónde estaba yo. Así que, agotada, muy cansada, en lo alto de unas enormes y anchas escaleras de pared blanca, me di la vuelta a esperar que el león me atrapara.
Entre mis dedos asustados, porque soy una cobarde y me había cubierto la cara, el león se fue convirtiendo poco a poco en la misma mujer de trapo que había sido en aquella cama. Era dulce y blandita la mano que posó en mi mano para que dejase de tener miedo y, en seguida, la amé como se ama a los niños más pequeños y necesitados de amor. Se abrazó a mí, cálida, y se quedó dormida en mis brazos. Yo estaba cansada, quería devolverla a su cama, pero no podía andar, así que me tumbé en el suelo y ella se tumbó en mi espalda. Escuchaba música desde que nos habíamos encontrado y de su corazón salía un tintineo metálico que me informaba de que estaba viva. Me acerqué a las enormes escaleras y, tumbada sobre el suelo, comencé a bajar, uno a uno los peldaños.
Conforme me acercaba al final, el corazón de mi yo de tela, comenzó a apagarse. Sonaba sólo un clic metálico por cada escalón. Cuando bajé el último, el sonido desapareció y la muñeca de tela se convirtió en un diminuto jirón. Sentí que el corazón se me rompía y me ovillé sobre mí misma, de rodillas en el suelo. Al hacerlo un ruido metálico se extendió por el museo. Miré junto al jirón de tela que había sido la muñeca y vi una navaja oxidada. Había salido de mi corazón.
 -Llora, ahora puedes llorar, ya has abierto la puerta –me dijo un hombre vestido de etiqueta, mayor y gordo, amable, dejando tímidamente su mano sobre mi hombro un solo instante.
Y me miré el pecho y vi el agujero negro por el que había salido la navaja oxidada. Y lloré y lloré hasta que mi llanto era un grito y me desperté en la cama.

25/10/10

tu forma de decir no
vivo en tu tierra de nadie
orillada junto a tu frontera
no me dejas entrar
ni que me marche,
¿qué tengo que acreditar
para anidarte?

*no se está demasiado bien aquí


al volver
yo no era la llave
para el hombre de las mil puertas

*

24/10/10

como un alma desclavada
estuario de dos aguas
me amenazan con romperse
mis costillas cenicientas
hay arena en mis caderas
tarareado
no me deja alcanzar su boca,
es territorio sagrado,
aunque haya peregrinado
su tierra con mis manos

22/10/10

atardece
Mi boca sabe a pimienta después del té
como una cueva de ladrones sin historia
como un poema a punto de estallarte de derrotas
leo a Casariego con el lápiz en la mano
recuerdo cómo dijiste mi nombre cuando dijiste mi nombre
-cada una de las letras de mi nombre-

21/10/10

sé que algún día ya no me sentiré vulnerable

20/10/10

desmitifíca(me)nos(te)
calcula las figuras,
relaciona la inercia con el barro,
tramita los informes necesarios,
invierte las formas,
reconduce los barcos
clavados bajo la piel
henchidos de viejos milagros
que ya no puedes respirar.

desanda los surcos de mis manos
abandona el horizonte acristalado
renuncia a mí, ya no te valgo.

critica trenes,
augura en amarillo y reconoce
los portales de mis labios
vedados por cansancio,
desata llanos, avasalla,
miente, grita, traduce.
tradúceme, (desnúdame),
dime que puedes salvarnos.

*
-Ya lo sé que es difícil.
-A veces se te escapa.
-A veces se me escapa.
(silencio)
-¿Y vas a poder...?
-Hay días en que creo que sí...
(silencio)
-¿Como en el estómago de la ballena?
-Como en el estómago de la ballena a punto de estallar en mil cristales.
-¿Como la copa?
-Como la copa...
(silencio)
-Y respiras...
-Es lo más irremediable de todo.

19/10/10



contenido
como un alma al borde de la combustión
implosiono
asteriscos
mi poesía es asterisco, es desde ti,
ciego, mudo de los mudos del mundo,
mi poesía ya nos sabe, ya nos supo
y adivina
con precisión hipocondríaca
los embistes del futuro
aunque te empeñes
en sólo leer cuando te miro


*
reclamo la ternura del mundo
antes de morir a la insistencia del deseo
y nacer a lo gris superviviente,
al continuo,
al piedra sobre piedra y carreteras.

(nacer es apagarse algunos días
o mucho tiempo
sólo porque se tiene miedo
de la muerte)