los árboles se mueven y me pregunto por sus sombras elásticas
también en movimiento mientras la música despierta la casa
entiendo la belleza, lo estático, lejos de mis manos nerviosas
y abandono la empresa de trascender: hoy es sólo hoy
desde el primer motor del mundo el día en que se creó el universo.
ahora es sólo ahora y, el pensamiento, tendrá que abandonar
su intento de distinguirte del recuerdo.
19/3/12
habrá un invierno y un verano
que no llegaremos a conocer
porque no somos valientes
ni tenemos la fe suficiente.
no sabrás de mi traje de baño
y jamás te regalaré esa bufanda
que odiarías.
seremos siempre los mismos de este otoño,
los que ya no se amarán en primavera.
estamos atados a la muerte temporal de los árboles
y cuando dejen de caer las hojas, corazón
me habré marchado
tendrás que irte
porque llegas tarde a cualquier otro lugar.
que no llegaremos a conocer
porque no somos valientes
ni tenemos la fe suficiente.
no sabrás de mi traje de baño
y jamás te regalaré esa bufanda
que odiarías.
seremos siempre los mismos de este otoño,
los que ya no se amarán en primavera.
estamos atados a la muerte temporal de los árboles
y cuando dejen de caer las hojas, corazón
me habré marchado
tendrás que irte
porque llegas tarde a cualquier otro lugar.
14/3/12
12/3/12
Me miró y agachó la cabeza en una leve reverencia. Después sonriendo con paz me dijo:
-No desees nada, nada pidas. Sé paciente, confía. Disfruta la espera. Deshazte de tus prejuicios, mira el mundo con ojos nuevos. No exijas, no esperes, no creas merecer. Olvídate de tu nombre.
Mi cara debía ser un poema porque su sonrisa se ensanchó compasiva.
-¿Es difícil para ti? -me preguntó al ver que yo no ofrecía respuesta.
Asentí con la cabeza confundida.
-Es difícil para todos -afirmó él sonriendo otra vez. Todo aquello debía parecerle un chiste.
-No desees nada, nada pidas. Sé paciente, confía. Disfruta la espera. Deshazte de tus prejuicios, mira el mundo con ojos nuevos. No exijas, no esperes, no creas merecer. Olvídate de tu nombre.
Mi cara debía ser un poema porque su sonrisa se ensanchó compasiva.
-¿Es difícil para ti? -me preguntó al ver que yo no ofrecía respuesta.
Asentí con la cabeza confundida.
-Es difícil para todos -afirmó él sonriendo otra vez. Todo aquello debía parecerle un chiste.
5/3/12
4/3/12
el mar está lleno de botellas por mi culpa y los mensajes
los leen hombres desconocidos, no sé si fieles a la reina
o a la corona. hombres, quizá tuertos, que aprendieron
a leer en estaciones de tren y en despedidas interminables.
sé que un día los publicarán, como si fuesen suyos
sólo por hacerme continuar muda y serena, vacía
de palabras como todas las impertinentes botellas
que brillan flotando en el acogedor océano de la duda.
los leen hombres desconocidos, no sé si fieles a la reina
o a la corona. hombres, quizá tuertos, que aprendieron
a leer en estaciones de tren y en despedidas interminables.
sé que un día los publicarán, como si fuesen suyos
sólo por hacerme continuar muda y serena, vacía
de palabras como todas las impertinentes botellas
que brillan flotando en el acogedor océano de la duda.
1/3/12
28/2/12
25/2/12
-Porque prefiero morir que tener miedo a la muerte -dijo.
Yo me quedé observándolo. Estaba tumbado boca arriba, con medio cuerpo fuera de las mantas. Hablábamos en voz muy baja y hacía rato que yo me había sentado en la cama para verlo mejor en la semioscuridad.
-¿Y prefieres vivir a tener miedo a la vida? -pregunté utilizando su extraño razonamiento.
-Tú no lo entiendes -me dijo incorporándose lo suficiente para tirar de mí-. Tu no tienes miedo a nada.
-Sí, sí tengo miedo a cosas... -intenté corregirlo, mirándolo desde muy cerca, pero se rió como un lobo.
-¿A los fantasmas y a los ruidos? -bromeó enterrando su boca en mi cuello.
-A tus pensamientos extraños -confesé y él me apartó un poco irritado.
Acarició mi frente retirando los rizos que me caían sobre los ojos y dejó su mano ahí, como un torpe pasador sobre mi oreja.
-¿De dónde has salido tú? -inquirió como si yo no fuese capaz de escucharlo.
-De tu cabeza -bostecé removiéndome para que me soltara y aferrándome a su pecho con un bostezo-. Creo que he salido de tu cabeza -repetí.
Yo me quedé observándolo. Estaba tumbado boca arriba, con medio cuerpo fuera de las mantas. Hablábamos en voz muy baja y hacía rato que yo me había sentado en la cama para verlo mejor en la semioscuridad.
-¿Y prefieres vivir a tener miedo a la vida? -pregunté utilizando su extraño razonamiento.
-Tú no lo entiendes -me dijo incorporándose lo suficiente para tirar de mí-. Tu no tienes miedo a nada.
-Sí, sí tengo miedo a cosas... -intenté corregirlo, mirándolo desde muy cerca, pero se rió como un lobo.
-¿A los fantasmas y a los ruidos? -bromeó enterrando su boca en mi cuello.
-A tus pensamientos extraños -confesé y él me apartó un poco irritado.
Acarició mi frente retirando los rizos que me caían sobre los ojos y dejó su mano ahí, como un torpe pasador sobre mi oreja.
-¿De dónde has salido tú? -inquirió como si yo no fuese capaz de escucharlo.
-De tu cabeza -bostecé removiéndome para que me soltara y aferrándome a su pecho con un bostezo-. Creo que he salido de tu cabeza -repetí.
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