28/6/10

mecanografía
las teclas de mi piano
siguen tarareándote
cuando te vas

27/6/10

desbésame
desbésame continuamente
hasta que mi boca
sea incapaz de recordarme
tus caminos
-quiero perderme
en tu olvido una vez más,
no acostumbrarme-.





(poema desde una nueva casa, después de conocer a Antonio y haber escuchado tu voz)

23/6/10

las cajas están cerradas, la casa está cerrada, ya queda poco por contar... sólo que espero que alguno de mis monstruos se distraiga y se quede aquí, bajo esta cama. cuando vuelva a escribir ya no estaré aquí, estaré allí comenzando a construir otra posibilidad a prueba-error en busca de la felicidad.

22/6/10


Cuando las calles
amanecen en guerra
y he dormido mal,
a veces necesito
una cura de Marta.

21/6/10

tonterías de las de siempre
podríamos hacer un poema
con tu boca y mis cosquillas
(pero tengo sueño,
el pelo mojado
y tú estás tan lejos
que casi no existes,
así que mejor,
antes de echarte de menos,
me callo).



*
esta vez, el corazón no me viaja en cajas, me vuela, sobrevuela sin cordón, sin peso, se me escapa de aquí hacia donde voy, se me adelanta y mira ya al mar como si los dos tuviésemos cinco años -la cosa es que no lo pienso agarrar-

20/6/10

últimamente lleno un vaso con cerezas y otro con té helado, son una especie de ofrenda al verano que está a punto de llegar y de llevarme

18/6/10

acentúa si
basta ya de construcciones
de coma y condicional
para el querernos

17/6/10

cerezas de alcalá
esto debe ser pecado,
el rojo inaudito
explotando entre los dientes
recorriéndome la lengua
desnuda contra el paladar
mientras sólo pienso
en sonidos.

16/6/10

inoportuna
como cuando saludas a alguien equivocadamente
y descubres con rubor tu excesiva familiaridad con el sujeto
que no conoces de absolutamente nada
mientras cubres natural tu inapropiada incursión
en la intimidad de otro,
así aparecí en tu mundo, subiendo los pies a la mesa
y preguntando cuándo se servía la cena.

15/6/10

-Y, cuéntame -me dijo tumbada en la cama como una niña, bocabajo, con las manos en la barbilla, moviendo los pies rítmicamente-, ¿cómo era aquello de que te besaran?
-Vertiginoso, supongo.
-¿Cómo supongo? -exclamó escandalizada tirándome un cojín a la cabeza-. ¿Es que no te acuerdas? -se burló guiñando los ojos.
-No...
desde esta caverna
Desde esta caverna
donde Platón imagina sombras
chinescas como el futuro,
ambiciono la ceguera
de aquellos que treparon
sobre las viejas heridas
sin miedo a la muerte
para ver una luz desconocida.
Ambiciono no ser hombre,
ser idea -de pájaro quizá-
despojada de la carne
que recuerda,
que te añora,
como el crepitar del fuego
en un eco de historia
adherido a mis costillas
de rana acantilada.
Ambiciono que este nido
de palabras hambrientas,
incomprobadas,
que se aferra a mi costado
no derrumbe
con el ruido del pasado
los restos
de la cueva donde habito
incapaz de soportar
un día más
este equilibrio.