9/7/09


Perdóneme, sé que hace mucho que no vengo a verle, pero necesitaba hablar con alguien de confianza. No se ría así, ya sabe que me cuesta trabajo ser buena chica. Verá, ha habido tantos cambios... Estaba releyendo antiguas cartas, conversaciones, poemas y tratados, y descubrí que había mudado de gustos, mudado los trastos, ya me entiende. ¿Llegan hasta aquí las malas lenguas? Supongo que nadie se escapa de eso, me mira usted como si supiese que he estado rota. Sí, lo sé, sigo cosiendo aunque mis puntos son torpes y parecen remiendos de calcetines viejos. Me quedé anclada en pura Wendy desde aquél día que le dije, ¿se acuerda? Quería contarle que a vivo golpe me han desnucado el corazón dejándolo desnudo en plena calle y que, aún así, no se sorprenda, por más que me aconsejan protegerme, sólo puedo ofrecerme sin escudo al mundo dispuesta a recibir la flecha o la estocada. Tanto dolor me ha hecho temeraria, me van a dar de puñaladas como siga pensando que soy a prueba de balas. Le confieso, es verdad, que creo que si algo tiene que doler, mejor que duela, pero quiero vivir. ¡Imagine qué valiente estoy que compré vestidos largos! Esta risa se la consiento, nos reiremos juntos. Supongo que por fin me siento lo suficientemente libre para hacer lo que me de realmente la gana, ¿se emociona? No se vuelva usted viejo de pronto, mañana vuelvo con vestido para que bailemos juntos, nos debemos ese guiño después de tantos silencios. ¡Cómo lo sabía usted todo! Pero voy a sorprenderlo, he hecho tantos kilómetros en los últimos meses que ya no sé a dónde pertenezco, y ahora escribo poemas cortos como gritos que me desgarran el alma y me hacen reír y amo, es increible. ¡Me preocupaba tanto estar asustada hasta tal punto de ser incapaz de amar! Y vivo llena de miedos, lo juro, pero confío ciega en que las piezas acaban encajando si se le da el tiempo suficiente al mundo para ponerte en tu sitio. Me siento muy guapa, ¿sabe? Tengo que compensarme el amor que me falta a base de piropos cuando paso frente al espejo y vuelvo a leer poesía, ya conoce mis manías, sigo alzando en alto el "merezco el amor de un poeta" de siempre. He vuelto a recogerme el pelo y a llevar reloj, intento pasar todos los días que puedo cerca del mar y me cuesta mucho trabajo leer novelas -quedan ahí restos de pánico-. Empecé otra libreta y me he dejado el pelo largo, vuelvo a tener los rizos con los que me conoció y ahora llevo un anillo que comenzó como señal de duelo o liberación. Vuelvo a comerme las uñas, casi no canto en la ducha y malduermo. Pero encuentro una extraña satisfacción en mí la mayoría de los días que no me nublo. Verá, me encuentro mucho mejor.

8/7/09


orden de costumbres


Caes, por un abismo de inscripciones absurdas
hacia un suspiro entrecortado de materias
y ya no sabes qué sentir, ni si sentiste.
Enmudeces, acostumbrada al ruido
de tu propia respiración monotemática
como un robot inútil de emociones
que ya no apuesta nada contra su pecho.
Recortas anuncios de revistas,
subrayas frases en novelas de bolsillo,
de las que compras sin saber si acabarás,
cepillas perros, inviertes bolsas,
desgarras una puerta como quien amenaza al mundo,
tarareas…

Estás coleccionando curiosidades.

Almuerzas con tus padres en honor a los domingos,
divagas en un ascensor que huele a recuerdos,
claudicas frente a un espejo retrovisor de pacotilla,
almacenas en el cajón de los cubiertos polvo estático,
te retuerces en la cama y comes palomitas escarchadas.
Estás viviendo de anclajes, de contrapesos muertos.

Todo lo que enseñas, todo lo que ves,
ya no distingues. Acabas maldurmiendo
con desconocidos que te encantan
-como gustan las cuchillas a tu piel
recién lavada- y mientes por costumbre
sobre tu estado de salud pública.

Has alcanzado la boca de la miseria.

Un día, te levantas, te desnudas,
enfilas la calle como quien conoce fuentes,
agarras con las manos inocentes cualquier arma
-todo depende del romanticismo que calces
cuando bajas de la cama- y te matas.
En plena plaza, sin tirar monedas,
sin aplausos, ni pompas fúnebres.

A prueba de minas,
te matas.

Y comienzas a vivir para ser caza.

lista de la compra
cremalleras, dedales, caricias
y sacacorchos.
-ya sé que no es poesía-.

7/7/09


El puerto, de espejos negros,
imita barcos desdibujados
como titilantes sombras
contra embarcaderos largos
de pasillo iluminados
en paralelo hacia la nada.

5/7/09


cóseme el amor
cóseme el amor
con hilo tonto.



Jose Luis me preguntó si sabía por qué el hilo tonto se llamaba así y prometí responderle con un cuento, pero hoy sólo me salieron dos versos atravesados. Ya llegará. Lo prometo. Espero que me perdone robarle la fotografía, pero es simplemente genial.

3/7/09


Ven
Ven, van a juzgarte mis manos
-las tuyas están demasiado acostumbradas
a no dejarse perdonar-.
.
.
yo no nací
Yo no nací para sequías
arrásame las tierras
con tus benditas manías.

2/7/09


Detrás de la puerta de Javier se escuchan violines, escenarios y actrices con labios de carmín y plumas, se dibujan osos vestidos de chaqué y bailarines semidesnudos haciendo piruetas sobre el escenario, la orquesta aplaude el giro del payaso triste, y el forzudo piropea a una malabarista con dientes perfectos. Un redoble de tambor anuncia al hombre bala mientras Julieta besa romeos en las escaleras de acceso a camerinos y una sirena rechaza al lanzador de cuchillos porque los prefiere más delgados. Yo intento conquistarlos, pero, cuando llamo para entrar, todo enmudece y al abrir la puerta sólo está él, fumando frente al ordenador con cara de no haber roto un plato. ¡¡Yo sé la verdad!!

1/7/09


personaje principal
personaje principal
por una canción inexistente

30/6/09


Desde el final del pasillo se filtraba la luz naranja del balcón principal. Me senté en el suelo templado a esperar a que el timbre sonase indicándome que ya habían venido a por mí. Me abracé las rodillas desnudas y apoyé la espalda en la pared amarilla, pensé que mi madre se llevaría las manos a la cabeza si me viese en aquella posición, pero no era la primera vez en los últimos meses que había tenido que tomar suelo para mantenerme, como si el vértigo disminuyese al acercarme a la tierra, como si el estar tendida sobre el mármol me hiciese menos vulnerable. No podía pensar claramente en nada. En mi cabeza se extendía un silencio de desierto que compaginaba muy bien con la quietud de la casa, y era mejor así. Apoyé la mejilla contra mis piernas y me concentré en los dibujos que la luz trazaba sobre la rugosidad de las paredes. De pequeña buscaba figuras en aquellas montañitas diminutas para poder dormirme. Fui consciente de que había contenido la respiración sin darme cuenta e inspiré profundamente. Levanté la cabeza y miré al techo, descansando la nuca en la pared. Uno de los rizos me hizo cosquillas en el hombro, pero no me moví, no era bueno moverse demasiado en momentos así. Intenté pensar en alguna canción para distraerme, sabía que había que cantar cuando se tenía miedo, para que los monstruos o los ladrones te escuchasen y te imaginasen más valiente de lo que eras. Sonreí tímidamente frente a esta idea y me abracé un poco más fuerte. Estábamos haciéndolo bien, sobrevivíamos sorprendentemente, aunque a veces las cosas se torciesen un poco, como ahora, y el dolor entre las costillas volviese a ser literal. Estábamos haciéndolo bien, pero el timbre no sonaba y eso podía obligarme a estar más tiempo allí mirándome a mí misma, conformándome, preguntándome. Mi imaginación había sido siempre mi peor enemiga y, en momentos así, era mejor mantenerla ocupada en el absurdo que dejarla fantasear con encuentros de pesadilla y conversaciones amenazantes, pero tengo una curiosidad voluble que se complace con la pena. No tardé en empezar a tiritar pese al aire tibio de la casa, comencé a sentirme estúpida y pequeña. Volví a tener miedo de todo. Me estaba abandonando a la crueldad absurda mi alma de poeta. Tenía que actuar rápido. Sólo tenía una oportunidad de protegerme. Busqué el teléfono en mi bolso, con una sola mano en expedición de salvamento, y tecleé torpe, casi sin ver nada ya, conquistada por la angustia, “vais a tener que subir a buscarme, porque no puedo salir de aquí”.

desabróchame el miedo
desabróchame el miedo
se me parten las costillas

29/6/09


-Siempre hay que abrazar a las chicas jóvenes en las fotografías.
-¿Y eso por qué?
-Porque están para eso.
-Me parece muy machista.
-A mí me parece romántico.


28/6/09


Caramelo se cerró el abrigo y se cubrió las rodillas con los calcetines largos y azules. La bufanda le quedaba demasiado grande, así que le dio una vuelta más para que no arrastrase por el suelo y se guardó los picos en los bolsillos para refugiar bien calentitas las manos. Se colgó la mochila con torpeza y se encogió bajo su peso de sabiduría memorizable. Un día más, Caramelo sintió deseos de escaparse, pero un día más fue una cobarde.
-Buen día -gritó su madre desde la cocina antes de que se escuchase la puerta cerrarse monótonamente contra las escaleras.