27/6/09


vértigo
me dejé el corazón en la montaña rusa
y no lo encuentro en esta casa.

miré
miré el calendario
partiéndome las costillas.

25/6/09


roto
se me ha roto un cascabel
en el cielo de la boca.

24/6/09


Arrasó sin contemplaciones, con su boca, el camino acostumbrado desde mi clavícula a mi mandíbula de gacela.

-¿Has descubierto ya que nadie te va a querer como yo? -murmuró con sus labios rozando levemente mi oreja.
Asentí ofreciéndole mi cuello de nuevo, consciente de que sólo tenía aquel momento.

-Entonces -insistió-, ¿por qué no vienes ya conmigo? -trató de seducirme acariciándome con su nariz perfecta.
-Porque no quiero morirme todavía -gemí imparcial, sintiendo su frustración contra mi pecho, consciente de que volvería a marcharse, de que volvía a elegir quedarme sola. ¿Qué ocurriría cuando cediese por fin?

23/6/09


prométeme
prométeme sirenas
aunque sepa que no existen
-hoy estoy dispuesta a creérmelo todo-.

22/6/09


pesa ya sobre los hombros
pesa ya sobre los hombros
esta carga de besos.






(perdonadme que no esté pasando por vuestros rinconcitos, pero estoy de viaje de fin de curso con mis alumnos y no doy a basto)

21/6/09

te reparto las mejores cartas
te reparto las mejores cartas
si me dejas hacerte trampas

20/6/09


acantilada
acantilada de versos
desde mi boca hasta tu voz.

19/6/09

cometa
me han volado el corazón
desde que no existes.

18/6/09


Se dejó la postal olvidada sobre el muro de piedra helada, las vidrieras altas parecían señalarla con distintos tonos de luz. Todo fue en vano. Ella pasó, pero no la vio, por mucho que las palabras negras le gritasen desde el silencio.

17/6/09


rescatarte
quiero rescatarte
del cajón de tentaciones.

16/6/09



apunte de un recuerdo
Ella vestía de luto y rabia, el pelo recogido por la angustia, los tacones altos para pisar nostalgias. Tenía el corazón hecho cristales que resonaban cuando andaba. Su boca sabía a licor, carmín y muerte, pero nadie lo sabía.

15/6/09


Mírame, soy la misma chica larguirucha y flaca, todavía tengo las cicatrices de las rodillas y las manos pequeñas. Sigo hablando con el aire cuando me revuelve el pelo y tengo miedo por las tardes.

Mírame, todavía tengo el lunar de la barbilla y las mejillas rojas por todo, mis clavículas se quedaron vacías, pero vuelven a pertenecerme. He vuelto a comerme las uñas y cuando me da calor me recojo el pelo con torpeza. Sigo tropezando con todo –exista o no-. Perfeccioné mi miedo a las alturas, la femme fatale se me quedó un poco en los huesos y compré poesía para curarme las ganas de amar.

Mírame, aprendí a poner lavadoras e hice mis pinitos en la cocina, pero sigo soñando con imposibles, la cotidianidad no es bastante fuerte para acabarme las alas. Invento la vida de la gente que me cruzo, como siempre; sigo amando el mar cuando me acaricia las rodillas y la lluvia continúa limpiándome el alma si me alcanza desprevenida. Ya no doy tantas vueltas en la cama, pero tengo muchas más pesadillas.

Mírame, te presento un lunar nuevo en el centro de mi mano derecha, un arañazo en las costillas y los cardenales repartidos por el recuerdo –mis cuevas deshabitadas-.

Mírame las ganas de gritar, las ganas de venderlo todo y tenderme al sol, como ropa vieja. Mírame que ya no soy de nadie, que ya no tengo cuerdas en el fondo del estómago, que tengo pánico al amor y risas en las ventanas. ¡Mírame falsa princesa, actriz comprometida con la angustia!

Mírame, que estoy solidaria de mí y no me dices nada.