14/6/09


collage
con tus manos y mi piel
de lagarta arrepentida.

a patadas
voy a deconstruirte a patadas
amor deconstruido.

escaleras
decidí pensarlas hacia ninguna parte
me daba miedo a dónde conducían.

ultimátum
llénate los bolsillos de luz
estás en buena tierra.

11/6/09


otra pesadilla
demasiados fascículos ya
para mi corazón a prueba de caricias

10/6/09


no sé con quién soñar
no sé con quién soñar
para hacer el amor
-y me despierto-.

9/6/09


no me apagues la luz
no me apagues la luz
si por fin respiro.


sobrevivirte
sobrevivirte
es sumar martes difíciles.
.
.
me corté las puntas
me corté las puntas de la pena
y sigo triste.

8/6/09


-¿Qué tengo?
-Mayoría de x. ¿Qué te ha salido?
-Que soy una princesa misteriosa. ¿Tú qué tienes?
-Mayoría de y. ¿Cuál me ha tocado?
-¡Eres una falsa princesa!
-Ya decía yo...
-(Risas incontenibles)
-¡Hasta el libro se ha coscado de que soy una niña rana!

7/6/09


quítame el amor
quítame el amor,
quiero estar libre de esas crueldades.
.
.
soy cobarde
prefiero el mentidero
a que me mientan.

5/6/09


en esta casa
en esta casa ya no hace tanto frío
-tengo miedo-.
.
.
tengo
tengo más sueños que espanto,
mi precipicio está de primavera.

4/6/09


Escapo, mientras la noche cae en el pequeño pueblo de costa y piedra, de calles difíciles en estrechuras hacia los acantilados. La oscuridad de pronto lo inunda todo, se escuchan mis pasos por una cornisa delgada sobre las olas rugiendo contra las rocas. Levanto la vista al mar negro y una isla se recorta de montaña, con construcciones como linternas titilando en un tenue amarillo que salpica las ondas distantes del horizonte. En la distancia un arco gótico se eleva al cielo, los pilares hundidos en el agua oscura, como tiniebla esquelética de elegancia frente a una luna llena gris que ensombrece el mundo. Y comienzan a cruzarse entre mis pies las sombras de columpios volando, girando, sobre mi cabeza, cegándome antes de entrar al túnel estrecho donde no sé lo que me espera.

3/6/09


no lo sabes todo
no lo sabes todo
de mis manos.


escafandra
vas a necesitar una escafandra
para asaltar mi corazón chico.

2/6/09



-¿Has escrito sobre nosotros? -me sobresaltó la voz de Peter desde la ventana. Recogí rápidamente la casaca escarlata y la dejé junto al costurero debajo de la silla.
-No he tenido mucho tiempo -le dije tratando de sonreír con inocencia. Peter me miró con ojos curiosos y después contempló la habitación.
-Has cambiado los muebles de sitio -señaló reparando en las estanterías cargadas de libros.
Atravesó volando el cuarto y se posó con elegancia a mi lado. Volvía a tener ese gesto de fingida inocencia, empecé a ponerme nerviosa-. ¿Por qué?

¿Qué iba a responderle? ¿Que seguía creciendo? ¿Que aquello no pararía, que llegaría el día en que al mirarme él no supiese quién era ya?

-Me apetecía dar un aire nuevo a las cosas -respondí intentando sonar convincente.
-A mí me gustaban como estaban...

Peter deambuló por la habitación sin levantar el vuelo, acarició con sus manos pequeñas los estantes plagados de novelas, su rostro dulce se iba ensombreciendo conforme descubría más y más cambios. Tropezó sus dedos dulces con un joyero pequeño.

-No lo abras, Peter -rogué sin saber si impedírselo, clavada en el suelo junto a la silla, tapando el costurero con mi falda.

Supongo que era la señal que él esperaba. Mordiéndose el labio, el niño inmortal giró la llave diminuta y se contempló vencido en el espejo del interior de la caja. Acarició con manos temblorosas mis pequeños tesoros. Esperaba que se volviese hacia mí, indignado, con los ojos cargados de reproches y la espada en alto, considerándome otra vez el enemigo; pero cerró la cajita y se dejó caer sobre la alfombra, hecho un ovillo, sollozando. No pude evitar acercarme y arroparlo en un abrazo acostumbrado.

-¡Cóseme otra vez la sombra, Wendy, tengo tanto miedo! -lloró desconsolado, como si mis brazos solo fuesen otro desierto más, un vacío de piratas.
-Ya no puedo, Peter -murmuré sin sentirme culpable, arrullándolo contra mi pecho.




1/6/09



jaula de grillos
tengo una jaula de grillos
en el centro de la luz
-hoy no paran de reírse-.


leerme
leerme es comer mi abismo
sin tildes -ni amor-.
.
.
aviso a navegantes
aviso a navegantes:
tengo alma de sirena
y boca de niña.
.
.
receta
tiende lavadoras
como quien no siente pena.
.
.
malabarista
nací malabarista y bufón
de cuentos y besos.
:
:
cambiando muebles
me acuesto cambiando muebles,
no sé lo que me pasa.

Los pendientes de Cereza
(cuento inconcluso)


Triana tenía los ojos marrones poblados de mariposas que aleteaban nerviosas cuando quería algo. Y ese día lo que Triana quería era estar perfecta para su fiesta del colegio.

Llevaba toda la tarde dando vueltas de su habitación al salón probando complementos.

-¿Qué zapatos me pongo?-preguntó nerviosa luciendo sus zapatillas blancas de deporte.

-¡Esas! -premió Juan con cara de convencimiento.

Juan es el padre de Triana, pero además es un bromista por convencimiento, aunque esta vez no bromeaba. Juan pensaba que aquellas zapatillas eran lo más práctico para la fiesta del colegio.

Lo que Juan no sabía era que Triana no quería estar "práctica", sino preciosa. Rocío sí había contado con este detalle y había elegido para Triana una camiseta con dibujos malvas que se alegraban con su pelo castaño de cortina de sueños.

-No me gustan -se quejó Triana apretando los labios y recordándonos los zapatos.

Todos intentamos convencerla de que, llevase lo que llevase, iba a estar perfecta. Supongo que si su hermano Luis hubiese estado allí, se habría puesto de acuerdo con nosotros, pero como no estaba, era un apoyo menos para nuestro equipo pro-zapatillas.

Finalmente Triana se dejó convencer, pero lucía vencida atrapada en el sofá, con el ceño triste y las manos enredadas en un hilo.

-¿No te pones nada en el pelo? -le pregunté tratando de ganarme su sonrisa.

-Es que yo no sé hacer coletas... -confesó Juan y mamá no estaba en casa.

-Voy a hacerte un peinado de Julieta -le dije a Triana recordando mi infancia.

Le aparté el pelo de la cara con dos pinzas pequeñas y nos miramos pensativas. Allí faltaba algo, suponía. No había compensado todavía los zapatos.

A veces se me ocurren ideas estúpidas que pueden no funcionar, pero Triana sueña un poco a mi manera.

-¡Ven! -la animé guiándola a la cocina.

Triana me miraba con ojos curiosos y desconfiados. Abrí el frigorífico y busqué la fuente de barro.

-Vamos a ponernos pendientes -confesé tomando dos cerezas enlazadas del cuenco y le coroné las orejas de besos rojos-. Vas a ser la más guapa de la fiesta -murmuré buscando su complicidad en una risa mientras me ponía yo también zarcillos de cerezas.